Hay quienes creen que la felicidad solo puede residir en el futuro, una especie de porvenir absoluto en el que uno, muerto, habrá resucitado a una felicidad fuera-del-tiempo. Casi siempre, en estos casos, la felicidad sería algo con lo que se debe uno re-ligar, dependiendo de si lo merece uno o no con base en cómo se haya comportado en la vida; pues el supuesto del “re” es que alguien, no uno mismo sino, seguramente, la especie, conoció ya esa felicidad alguna vez en un pasado muy remoto. La historia es una especie de línea recta que eventualmente formará un círculo, pues pasado y futuro se encontrarían en un punto final de plenitud y consumación del tiempo. Esta es siempre una felicidad religiosa, pasada o futura pero nunca presente (el presente, en cambio, la vida, por ejemplo, es un valle de lágrimas o debiera serlo).
Hay quienes creen que la felicidad solo existe como pasado, pero pasado experimentado, una especie de recuerdo o reminiscencia de momentos ya vividos. La felicidad sería entonces el recuerdo del buen tiempo vivido con x o y, o en el año tal o cual, en todo caso una época casi siempre breve en la que nadie enfermó ni murió ni hubo divorcios ni siniestros, en la que muy probablemente no había escasez económica y el tiempo pasaba acompasado y brillante como una flemática jornada de verano. Esta felicidad psicológica es más una nostalgia por sensaciones o afectos que una sensación o un afecto efectivos, actuales; por lo tanto, está atravesada de una ausencia fundamental, la de toda memoria y su carácter de huella o símbolo. Y la felicidad no puede estar atravesada de ausencia ni símbolos.
Hay también quienes creen que la felicidad solo puede ser algo vivido en el momento actual, por muy difícil que sea precisar algo así como un “momento actual”; la actualidad misma, el flujo continuo de la consciencia “presente”, eso que ni siquiera cabe en una sola palabra porque hasta las palabras entrañan ya el paso del tiempo, aunque sea escasísimo, cierto “antes” y cierto “después” (concatenados precisamente por ese siempre huidizo “ahora”) sin los cuales la compresión del lenguaje sería imposible; pero, entonces, esto no le va bien a la felicidad, pues para ser presente, tendría que ser más bien una suerte de plenitud de la consciencia vivida, sin pasado ni futuro, puro presente; de modo que esta especie de felicidad zen es esa rara sensación que vivimos en los momentos verdaderamente alegres de nuestra vida, pero por eso mismo, en sentido estricto, no sería felicidad sino alegría; porque la alegría, a diferencia de la felicidad, no rehúye el tiempo, lo aprovecha más bien, lo penetra, lo escama como a un pez, lo pela como a una fruta y brinca en él, por ejemplo con las convulsiones de la risa.
Y bueno, eso, otra manera de decir que “ahora mismo” creo sentirme un poquitín alegre por poder estar dejando pasar el tiempo sin ocupaciones graves, anotando más bien estos apuntes sin mucho afán ni deber, porque sí, simplemente porque puedo.
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7 jun 2009
alegría
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pezenseco
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Catálogo: alegría, apuntes, definiciones, felicidad, huella, nostalgia
3 jun 2009
viaje
Había olvidado que el sentido de la escritura es el mismo que el del viaje: perderse a sí para reencontrarse, en otros y con otros, hacerse otro; es decir, no dejar de vivir, de querer vivir; o bien: conocer lo humano y el mundo, lo infinito, la posibilidad de ver emerger en uno mismo la idea de infinito.
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26 jul 2008
vicio
A veces sus ojos me atraen como agujeros en una pared: ¿cómo negarse a mirar? Y al hacerlo, a veces sus ojos se vacían en lamentos.
A veces sus labios me recorren y, enmudecidos, me callan.
Otras veces, al salir debatido de sus ojos y sus labios, la veo sonriendo. Casi siempre sonríe con cierta perversidad… A veces sé con implacable certidumbre que ella no se vacía en lamentos ni enmudece; soy solo yo quien se vacía y calla.
A veces siento que debería alejarme. Pero es imposible negarse a seguir mirando.
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14 mar 2008
definiciones aleatorias (2)
Éxito. Solo imagino un verdadero éxito: estar algún día satisfecho conmigo mismo, con mi pasado y mi presente, pero más con mi presente. Por una vez, no arrastrar ya ningún dejo de frustración por lo que “pudo haber sido si...” o “lo que debería haber hecho pero...” Es decir, haberlo hecho, o más exactamente: estarlo haciendo.
Amor. Depende, hay amor de pareja y otro sinfín de amores. En cualquiera de los casos, un elemento básico sería: llegar a un mutuo entendimiento con otros, según el cual las causas de nuestros conflictos se compensen por otras tantas o más causas de cooperación; que mi bienestar no entrañe el malestar de otro; pero que el bienestar de otro tampoco entrañe mi malestar... (Qué diablos, tal vez eso no tenga mucho que ver con el amor "en general", pero igual me sonó bien al escribirlo...) ¿Y el otro caso, el del amor de pareja...? Una pasión, una necesidad, una sobredosis de oxitocina, la serena alegría de la compañía... Siempre parece muy pronto para aventurar una definición. Tal vez, tal vez cuando esté anciano.
Identidad. Siempre que se entienda como algo dado e inevitable, una especie de “alma” (de cada individuo, de etnias o países, etc.), es una fábula... Quizá, en algún contexto, haya sido necesaria; pero cada día menos.
Ese sentido de identidad implicaría fijeza: ser una especie de entidad ajena al tiempo. Pero hasta las rocas cambian, hasta los continentes se mueven. Alguna vez África estuvo adherida a América del Sur, que estaba separada de América del Norte, que estaba a su vez adherida a la actual Europa, y América Central no existía (geológicamente, nuestras tierras, tal como son actualmente, son unas bebitas de apenas 3 o 4 millones de años)... Alguna vez los desiertos actuales fueron bosques y el Mediterráneo ha estado seco varias veces. Y algún día Australia chocará contra Asia y, aun si evitara encaramarse en China, barrería sin duda las islas japonesas como botecillos a la deriva en alta mar... La Tierra no tiene identidad, tiene pasado geológico, y futuro.
Tampoco a las personas nos hace falta una identidad para ser personas; tampoco hace falta la identidad nacional para ser nación. (Al menos no esa identidad pensada o deseada como un rasgo único, esencial e inmutable –siempre el mismo– que nos definiera.) Creo que las personas tenemos singularidad, que es muy distinto: cada uno es un conjunto abierto de experiencias y factores biológicos irrepetibles, pero en constante interacción y cambio... Incluso la posible “identidad humana”, la identidad general o común a todos los seres humanos, es decir, la naturaleza humana, a pesar de que existe, también es producto de una evolución particular, de miles y miles de años de nimios cambios y adaptaciones; y sin duda ni siquiera ella ha tirado la toalla y ha decidido estancarse de una vez para siempre...
Y los países, por su parte, con sus fronteras contingentes, tienen una historia y una tradición, pero tampoco tienen identidad, algo así como una fotografía suya pegada a la eternidad. En fin, que tener identidad, en el sentido dicho, entrabaría con demasiadas amarras a la libertad. Tal vez sea este, pues, uno de esos conceptos que sería mejor dejar ir sin nostalgia, así como, tras un desamor, debemos dejar ir a algún amado para poder, mañana o cualquier otro día, amar a otro, seguir viviendo.
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pezenseco
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Catálogo: amor, apuntes, definiciones, éxito, futuro, identidad, naturaleza, uno mismo, vivir
27 feb 2008
cenizas
Se dejó caer sobre el sofá y apagó el cigarrillo con descuido. Las uñas se le llenaron de ceniza y empezó a limpiárselas con las uñas de la otra mano. Estaba fastidiada y, seguramente, harta de disimularlo. Finalmente, se sacudió las dos manos en la microfibra leonada y miro rápidamente a todos lados para confirmar que nadie la veía.
Yo quería devorarla. No sabía su nombre. Su marido, al otro lado de la sala e incipientemente alcoholizado, reía y gesticulaba desmesuradamente con sus amigotes. Pensé en una banda de chimpancés. Luego pensé que a veces los chimpancés machos secuestran hembras... Raptarla no me sonó tan mala idea, salvarla de ese grupúsculo... Pero al instante me humanicé: nuestro ancestro común con los chimpancés existió hace unos cinco millones de años, suficiente tiempo para que algún empuje moral se instalara en nuestros cerebros. O quizá solo quería que ella me salvara. Raptarla era innecesario, una trivialidad. Ella, además, no tendría por qué saber que para mí sería solo un juego.
Empezó a mirar el equipo de sonido como si fuera un televisor. Me acerqué. Ella levantó la vista y, tras un segundo vacío, sonrió.
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18 feb 2008
cuatro notas
1. continuación…
El caso del barco atunero TIUNA y sus tripulantes confirma lo que decía en mi post anterior.
La liberación de los marineros da el siguiente mensaje: bienvenidos todo tipo de piratas de recursos marinos, Costa Rica es incapaz de hacer cumplir sus propias leyes. Pasen adelante, saqueen el mar, llévense lo que quieran. Es patético. Según el fiscal general, "la isla del Coco está perdida"; en cuyo caso, nadie sabe qué habrá ya en ella y sus alrededores si llegase a ser elegida como una de las siete maravillas del mundo natural (actualmente ocupa el puesto No. 5 de la lista).
2. quejas
No entiendo por qué cuando uno se queja de A, saltan por todas partes personas que lo regañan a uno por no quejarse también de B, C, D, E… Z. Que uno se queje de A no implica que no le importe también B, C, D, E… Z. Solo quiere decir que en ese preciso momento uno quería quejarse de A. Obviamente, sería imposible quejarse de todo a la vez siempre, además de infructuoso... Aunque algunos lo intentan. Es la práctica común de disparar hacia todas partes para ver si de casualidad se le da a algún blanco.
3. ejercicio especulativo
¿Y si las personas les prestáramos atención a otras personas sin meterlas en marcos prediseñados antes de escucharlas o leerlas? ¿Y si pensáramos y discutiéramos mayoritariamente sobre casos, problemas concretos en contextos específicos, y si analizáramos argumentos puntuales, independientemente de quién los dice, y abordáramos los conflictos principalmente con perspectivas pragmáticas y ánimo conciliador?
Hoy en día la complejidad de lo que, para las personas, en su cotidianidad, es la realidad, excede cualquier "visión de conjunto" o "visión totalizadora". Evidentemente hay marcos y estructuras que restringen las opciones e indican, con mayor o menor fuerza, los posibles caminos a seguir. ¿Pero es que alguien o algo sería hoy capaz de salirse de la estructura para hacerla tambalear desde fuera? ¿Adónde está ese afuera? ¿No sería una estrategia más sutil, penetrante y posiblemente exitosa, meterse aún más en la estructura y buscar sus cimientos y carcomerlos poco a poco, o ir llevando el peso hacia un lado, hasta que termine por inclinarse y se desplace o se le desplome un costado, un trozo, un piso, y cambie su forma? Esta estrategia no equivaldría a un "reformismo", sino a un asunto más espontáneo, más "an-arquista": búsquedas inadvertidas de un fundamento o principio (arche, algo que sostiene en pie al poderoso, al arconte) (todos esos detallitos ocultos que, sin embargo, sostienen lo que está levantado) para darle ligeros empujoncitos hasta mostrar, primero, su carencia de soporte o justificación última y, segundo, que no son imprescindibles ni ese tipo de principios ni otros que los sustituyan, sino, quizá, pequeñas transformaciones cotidianas de las formas de relacionarnos unos con otros, con los recursos naturales, con las instituciones que creamos y de ellas con nosotros. Por supuesto, nada de esto excluiría la posibilidad de que, en ciertas ocasiones, se pueda y se deba tomar decisiones que afecten o pretendan afectar grandes sectores del edificio al mismo tiempo. Es decir, que en lugar de elegir un frente, lo más sensato sería atacar en varios frentes a la vez.
4. Por otro lado: ¿quién diablos se robó el verano?
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5 feb 2008
desván
A veces alguien se detiene a media calle en media vida y en un parpadeo encuentra un mundo donde antes había otro. Pero sabe que solo él ha cambiado.
Otros descubren súbitamente a los cuarenta que han olvidado su niñez. Y no tener niñez, ¿no equivale a ser una especie de monstruo o de máquina, acaso un ángel inútil?
En la acera de enfrente había una anciana sentada en una mecedora, al borde de la calle.
En el álbum de fotos de mi niñez hay un niño que se parece a mí y tiene el pie derecho, casi entero, metido en la boca.
Algunos se resisten, otros se entregan. En su mecedora, la anciana les sonríe a todos pacientemente.
Dicen que los viejos se acuerdan mejor de su niñez o juventud que de lo vivido ayer. Mi abuelita, poco antes de morir, pasaba sus días creyendo que tenía otra vez quince años y acababa de regresar en tren desde Puntarenas. Estaba ciega y casi no podía hacer nada. Yo le preguntaba con quién había ido y cómo estaba el mar y ella me contaba a diario la misma historia, con la misma emoción e inmediatez. Luego me miraba con sus amorosos ojos acabados y le decía a mi madre, ausente, "ponele algo a ese chiquillo, no ves que está todo chingoleto, se te va resfriar". Sin verme me veía de cinco o seis años, cuando yo vivía con ella casi todo el tiempo porque mis papás trabajaban todo el día. Y entonces yo le pedía que me contara algo más de ese chiquillo, para conocerlo porque no lo conocía. Y ella a veces me entendía y a veces no me entendía. Los otros son a veces el mejor recuerdo de uno mismo.
Tal vez algún día me atreva a terminar de cruzar la calle.
O entienda que no hace falta, tal vez, ni cruzar ni devolverse.
En el álbum de fotos de mi niñez también hay un niño que no se parece a mí y está paralizado en un rincón mientras otros niños masacran con palos de escoba una piñata que parece un gallo; el pobre bicho es rosado y tiene los ojos saltones.
Al otro lado, la anciana no mira a ninguna parte, mira el aire o se deja mirar, se mece, la gente pasa a su lado sin verla, pasan carros y nubes y perros callejeros. Parpadea. Cierro el álbum. Las fotografías son una quimera: muestran un tiempo detenido, es decir, una experiencia inexistente. El paraíso, quizá, solo podría ser eso: una fotografía.
Hay un desván desordenado de palabras viejas que nunca fueron jóvenes ni, por supuesto, niñas; están cubiertas de polvo, dicen que son mías, que algún día finalmente serán mías, pero que yo no podré saberlo.
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10 ene 2008
definiciones aleatorias
Aburrimiento. Entre los seres humanos, las “pasiones negativas” parecen ser pozos profundos, abismos submarinos; en cambio, la felicidad, la satisfacción, son como plataformas sólidas, firmes bajo un sol radiante: su transparencia y seguridad, aunque deseadas y agradecidas y celebradas… ¿no llegan siempre a aburrir? Y probablemente nada invita más a la aventura, al descomedimiento, incluso a la perversión, que el aburrimiento.
Futuro. Cada época imagina varias posibilidades de transformación. Algunas personas inteligentes y otras poderosas –generalmente no son las mismas personas– prevén esos posibles escenarios de transformación y escriben, cantan, hacen discursos o aparatos coherentes con lo que creen e imaginan y desean. Es decir, no solo prevén sino que producen o lo intentan, a veces incluso sin darse cuenta: ayudan a dar realidad a sus posibilidades imaginadas. Luego las personas y los países toman decisiones. Y seguramente se actualiza la idea/época futura que más adherentes haya ido ganando, es decir, con más poder de convencimiento y convocatoria. El futuro es el resultado de las ideas y prácticas con mejor publicidad sobre el futuro en el presente. En fin: el futuro es asunto de retórica (y, bueno, de cierto grado de azar...).
Idealismo. Desde cierta perspectiva, ser idealista es, simplemente, oponerse a la naturaleza humana. Y, en primer lugar, oponerse a que exista. Sobra decir que esta insistencia en que NO exista parece más bien parte de la misma naturaleza humana, de su evolución, de su evidente materialidad. Lo cual no impide que, en efecto, podamos transformamos a lo largo de los siglos y los siglos.
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pezenseco
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9:16 a. m.
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Catálogo: aburrimiento, apuntes, definiciones, futuro, idealismo, naturaleza
4 nov 2007
del baúl...

Amo de vos lo que no me decís.
Esos mitos que no advienen a tus labios.
Ese silencio.
No lo que callás porque querés que lo ignore,
sino lo que callás porque no sabés cómo,
ni podés comunicarlo.
Una pared blanca y dura y larga…
Ni vos podés contártelo a vos misma,
pero es patente que lo llevás guardado
como un mundo. ¡Cerrá los ojos!
Me duele tanto verte.
O más exactamente: que me veas
desde esa superficialidad sin fondo.
[circa 1994]
22 sept 2007
par de apuntes
1/
Ya no respiraba cuando quería respirar / ni quería cuando aspiraba a querer. Pero, y qué si voy y vuelvo y si, como decía aquel, todo gira como un volante loco / aquel poeta que todos odian por cursi y todos también aman por cursi, aunque cursis acaso solo sean quienes lo leen cursimente / y qué, pues, si voy y vuelvo y decido un día, de súbito, al mirarme al espejo, encontrar allí y aquí a alguien raro, con una vida que no era la suya pero ahora es la mía… ¿Y qué?
2/
Las palabras, como siempre, son a la vez hipócritas y fieles. Cambian tanto como uno cambia. Antes me servían unas palabras que ya no me abren ninguna puerta ni me sirven siquiera para indicarle al vecino que… Digo, ahora me sirven igual, pero son otras palabras… Siempre están ahí, las mismas y diferentes, como una droga, a la vez un remedio y un veneno, como ya sabía el viejísimo Platón… Las palabras son la libertad misma atrapada en unas formas limitadas, unas formas que cuando uno las va a usar para expresar su libertad encuentra que ya existían, porque uno no las crea, no las inventa, solo las usa, y sin embargo siguen siendo también eso, la libertad de decirlo todo, lo que sea, lo que sea posible con ellas, y por eso, también, se dejan recrear y poco a poco, como la historia, como las especies, evolucionan, giran, unas se olvidan, otras regresan, algunas se pierden para siempre y en el futuro, el inmenso futuro, habrá sin duda millones de palabras nuevas, y lenguas, y gentes o tipos o seres que se mirarán también en sus espejos y no sabrán que en algún momento del pasado geológico yo los pensé, solitario, verbal, en una mañana cualquiera del tiempo.
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29 may 2007
21 may 2007
paraíso
- el paraíso es siempre lo que no tenemos o no conocemos; y cuando llegamos a conocerlo, obviamente al instante sabemos que eso no es el paraíso. Y empezamos de nuevo a imaginar otro paraíso, y otro y otro -
- el paraíso, en efecto, no es un lugar o no puede tener lugar; es, pues, una utopía, a condición de saber y aceptar que solo así puede ser paraíso: como no lugar, como evanescencia inexistente y, sin embargo, motor de la imaginación y del deseo -
- el paraíso es eso, exactamente: no poder jamás dejar de desear -
- y entonces el precio de obtener el deseo es perder el paraíso -
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14 abr 2007
plantas
12 feb 2007
el olvido
I
Anoche olvidé cerrar las cortinas. Hoy, el amanecer llegó antes de tiempo y una lengua de sol lame el suelo. Duele: mis ojos siempre pagan el precio de mis descuidos.
II
O bien: creés que no has olvidado nada y, de pronto, una mañana cualquiera, la consecuencia del olvido te desgarra la cara.
III
En otras versiones, uno sabe que ha olvidado algo importante, pero no sabe qué. Luego la respuesta aparece con tal naturaleza que uno, indefenso, no tiene más opción que saberse imbécil.
IV
También sucede que uno recuerda de golpe, un rostro, su nombre, una palabra que no dijimos y deberíamos haber dicho, una disculpa, un rencor, o el cuerpo en flor de…
V
Hoy dormiré a la defensiva.
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15 ene 2007
ecos
Los días pasan y no hay más remedio que verlos pasar.
Luego vuelven las palabras –siempre encuentran cómo volver–. Odiosas. Insistentes. Como turistas después de un largo viaje. Cansadas, obligadas. A veces malqueridas. O sometidas. Uno las quería ausentes, como los recuerdos lejanísimos de buenos tiempos vividos. Ausentes para siempre: irrepetibles. Pero se repiten y vuelven a ser las mismas, tan campantes, necesarias, vanidosas, solares a veces y amenazantes.
El silencio nunca se deja llenar de silencio.
Aunque el agravio no es el silencio, sino la indiferencia. Uno se sabe solo, pero no, como Narciso, a pesar de oír ecos, sino porque los reflejos no hacen ruido, no tienen voz, nada, ni siquiera un eco. Ni siquiera un eco.
Uno ya no las quería; pero siempre vuelven las palabras como vicios, certezas o condenas.
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30 nov 2006
indiscreción

Al pasar la hoja, se puso en guardia. Intuyó que debía prepararse, todo indicaba que venía una polémica, una ínfula psiquiátrica, quizá una indagación en las raíces de su cobardía.
Es que los libros, a veces, saben más de uno que uno mismo, como si se escribieran para eso, no para que se conozca mejor quien los escribe sino quienes los leen. El autor se desconoce escribiendo, el lector se conoce leyendo. Los escritores son unos entrometidos, lo desnudan a uno, son sádicos y lo disfrutan… Al final, claro, todo sigue siendo el mismo circo de máscaras, lo único que cambia son las que lleva cada uno.
En efecto, la página siguiente fue una indiscreción.
20 nov 2006
albedrío
Mirar por la ventana, mirar golondrinas, nubes, cafetales. Saber que ya es tiempo. Haber vivido con una aspiración que ahora simplemente se ve a la distancia, como las nubes o las golondrinas: vuelan, giran, las veo pero no son mías, nunca han sido mías.
El deseo también se fuga como un ladrón cualquiera. Y dichosamente lo hace, pues ¿quién sería uno, raptado por sí mismo?
La mañana nublada. Las nubes son espejos... El famoso libre albedrío.
Es decir, la esperanza tampoco se destruye. Evoluciona.
17 nov 2006
atmósferas
¿Por qué no escribir atmósferas en lugar de historias?
¿Por qué asumir o presumir que para escribir hace falta tener una trama que contar, inventar una fábula, hilar una historia… siempre cerrar algún círculo?
¿Es que no hay derecho a meramente escribir dando trazos fragmentarios y mostrando afectos o intuiciones súbitas sin la "necesidad" de relacionarlo todo de manera coherente?
Es el vicio metafísico detrás de la narración: suponer que las palabras deben ser expresión de un orden intelectual que las supera y les subyace, su “sentido”, su “razón”, su “propósito” (científico, político, sociológico, psicológico…).
Juntar palabras como adagios... No depender del orden aun si es imprescindible, no desearlo obsesivamente. No pretenderse capaz de hacerse erudito en sensaciones ajenas.
Pintar bosquejos y dejar que otros los llenen... El lector, de otro modo, ¿qué estaría haciendo?
La gente, de todas maneras, el mundo, todos los días, ¿no es un carnaval de enemigos? ¿Para qué aumentar las razones de odio?
Mejor, por ejemplo, sonreírle a un extraño.
9 nov 2006
manifiesto críptico
Demasiada gravedad. O dolor inútil. O ni siquiera inútil: absurdo. Y demasiado “deber”, porque también puede haber excesos en el “deber”.
No más: a veces simplemente hay que atreverse a ser quien uno es, hoy. Porque no creo que haya un camino único, verdadero y bueno para todos por igual. Ni siquiera uno para uno mismo siempre.
Dichosamente, uno siempre tiene el derecho de hacerse otro.
Hay el camino que a cada quien le plazca, hoy.
Contra la producción masiva de objetos y creencias y sueños, afirmar la producción personalizada de objetos y creencias y sueños. (Customization de estilos de vida…)
Incluso la amistad es más “real” –es decir, más creada que presupuesta– cuando emerge de la diferencia que de la aparente identidad. Más aún, los iguales no tienen por qué hacerse amigos con esfuerzo y tolerancia y sensibilidad; su “igualdad”, generalmente gregaria de antemano, hace de la amistad un asunto previsto, incuestionable, homologizador. En rigor, no podría existir amistad entre iguales, precisamente porque tener todo en común es ni siquiera tener que ver al otro como otro. La amistad solo puede ganarse por el esfuerzo de acompañarse y quererse a pesar de las diferencias, de todo tipo de diferencias…
¿Pero es posible?
...
Por último, afirmar la belleza y el placer por sí mismos, sin necesidad de excusas sociológicas ni justificaciones teóricas.
22 sept 2006
apatía
…la apatía solo llega y luego ni se va ni nos deja actuar, solo nos acompaña y nos nutre de desencanto, nos invita a dejar pasar el tiempo, que además hay que ocuparlo en cosas y tedios y uno trata de realmente no hacer nada pero es imposible. La rutina es una telaraña. Las personas, posibilidades olvidadas, decrecientes en número, mudas. Y los libros de siempre, viejos, privados, perseverantes, son objetos inútiles porque no le gustan a nadie y nadie los lee y un libro que nadie lee no es libro, es un pisapapeles, un posavasos, un arma muerta. Y sin embargo siempre es posible volver al papel, aun si es nada más para exteriorizar ante uno mismo el absurdo y hacerlo consistente o material y creer que así, al hacerse tangible, será posible soplarlo y desvanecerlo o arrugarlo y tirarlo como un apunte cualquiera o, por ejemplo, uno de esos papelitos de publicidad que le dan a uno al salir de las escaleras eléctricas del mall, o en la calle, clases de inglés dos por uno, porción de pizza con refresco gratis… El tedio puede reverberar como una nota sostenida, alargada, agudizándose, penetrando y posándose como un ave nocturna en la tapia desnuda, sin repello ni pintura, tal vez una lechuza blanquísima, es cierto que improbable, pero algo vivo que, en la parálisis de la noche moviera apenas sus ojos y girara su cabeza atenta y sin que lo notara el mundo volara y apresara al pobre ratón que solo para ella estaría ahí: oculto para todos pero no para ella. ¿Es que todos podríamos aprender a ver u oír algo que solo uno podría ver y oír? Y de ser así, ¿qué habría que hacer con eso, guardarlo, acumularlo, o soltarlo y dejarlo ir aun si nadie más pudiera verlo u oírlo? Aunque también es posible que siempre fuera una ilusión o una ingenuidad y que no hay nada verdaderamente propio de nadie, y eso que alguien creyera poder oír o ver o saber con exclusividad fuera simplemente una locura o un engaño, siempre una trampa, o una excusa, una manera sutil en que la vida se esfuerza por romper esa apatía que a veces solo llega y luego no quiere irse ni dejarnos actuar y solo nos acompaña y nos nutre de desencanto…



