12 feb. 2007

el olvido

I
Anoche olvidé cerrar las cortinas. Hoy, el amanecer llegó antes de tiempo y una lengua de sol lame el suelo. Duele: mis ojos siempre pagan el precio de mis descuidos.

II
O bien: creés que no has olvidado nada y, de pronto, una mañana cualquiera, la consecuencia del olvido te desgarra la cara.

III
En otras versiones, uno sabe que ha olvidado algo importante, pero no sabe qué. Luego la respuesta aparece con tal naturaleza que uno, indefenso, no tiene más opción que saberse imbécil.

IV
También sucede que uno recuerda de golpe, un rostro, su nombre, una palabra que no dijimos y deberíamos haber dicho, una disculpa, un rencor, o el cuerpo en flor de…

V
Hoy dormiré a la defensiva.

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6 comentarios:

Sergio dijo...

Yo quiero, cómo se hace?

Denise dijo...

¿Y mañana se te olvidará como dormiste?
Imposible, yo creo, eso de entrenar al recuerdo -o al olvido- si tienen fama los dos de hacer exactamente lo que les da la gana...

Ana dijo...

A veces dan ganas como de vivir a la defensiva, tratando de que no llegue de golpe esa cara o esas palabras que tratamos de olvidar.
Pero bueno, cada vez que golpean dejan algo... cicatriz será?

pezenseco dijo...

S., Pues cómo se hace creo que no lo sé, solo sé cómo intentarlo...

Sí, D., creo que tenés razón, son indóciles los mentados...

A., cicatrices y atrofias y a veces también "trofeos"...

Y claro, como decía Cernuda, lo más complicado es olvidar el olvido mismo, olvidar que uno ha tenido que olvidar...

Alejandra dijo...

y acaso ahora se te ha olvidado tu blog?

pezenseco dijo...

ALE: muy bueno... y sí, un poco sí... o más exactamente, me he olvidado un poco de mí... O parafraseando a Vallejo: hay épocas en la vida, tan fuertes... yo no sé!

ya habrá tiempo...