29 ago. 2009

nueva revolución en la novela

Según Lev Grossman, crítico de la revista Time, estamos experimentando una nueva revolución en la novela. La novela verdaderamente "posmoderna" ya está aquí, aun si no nos hemos dado cuenta. En su caso, "posmoderno" se refiere a posterior al modernismo específicamente literario: ese estilo que durante buena parte del Siglo XX nos ha acostumbrado a creer que las características de las buenas novelas son: lenguaje obscuro o difícil, trama ausente o compleja, tipografías no tradicionales, estilos experimentales, historias sin principio ni final, poco entretenidas o, incluso, para el común de mortales, aburridas.

Hoy día, dice Grossman, la trama y la acción vuelven a ser fundamentales, además del humor y el suspenso; los lectores quieren entretenerse, y eso ya no equivale a "literatura light" sino a literatura como placer (y de placer).

El texto, sugerente en general, incluye algunos puntos debatibles, por ejemplo este: si lo que dice Grossman es válido para el mundo literario anglosajón, ¿lo es también para el hispanoamericano? O este: si los críticos han estado demasiado acostumbrados a dividir entre literatura seria y simple ficción (literature/fiction, en inglés), ¿cuál será hoy o mañana la línea de demarcación entre la buena y la mala escritura? Más aún, ¿quién la decide? ¿Los críticos, los autores, los lectores? Algunos problemas tan viejos como la literatura misma...

"The novel is finally waking up from its 100-year carbonite nap. Old hierarchies of taste are collapsing. Genres are hybridizing. The balance of power is swinging from the writer back to the reader, and compromises with the public taste are being struck all over the place. Lyricism is on the wane, and suspense and humor and pacing are shedding their stigmas and taking their place as the core literary technologies of the 21st century.

From a hieratic, hermetic art object the novel is blooming into something more casual and open: a literature of pleasure. The critics will have to catch up. This new breed of novel resists interpretation, but not the way the Modernists did. These books require a different set of tools, and a basic belief that plot and literary intelligence aren't mutually exclusive."

Texto completo en WSJ.

27 ago. 2009

Mitos de la energía limpia

Dos artículos excelentes en Foreign Policy acerca de diversos mitos relacionados con las energías alternativas:

I. Seven Myths About Alternative Energy
(Michael Grunwald)

Cada día más personas consideran las alternativas al petróleo como balsas infalibes para la salvación del mundo. Pero las cosas no son tan sencillas como generalmente parecen; este artículo revela algunas de las complejidades del tema.

Los 7 mitos:

1. Debemos hacer todo lo posible por promover la energía alternativa.
"Hydrogen cars, cold fusion, and other speculative technologies might sound cool, but they could divert valuable resources from ideas that are already achievable and cost-effective."

2. Los combustibles renovables son la cura de nuestra adicción al petróleo.
"...so far in the real world, the cures -- mostly ethanol derived from corn in the United States or biodiesel derived from palm oil, soybeans, and rapeseed in Europe -- have been significantly worse than the disease."

3. Si los biocombustibles actuales no son los adecuados, los del futuro lo serán.
"...recent studies suggest that any biofuels requiring good agricultural land would still be worse than gasoline for global warming. Less of a disaster than corn ethanol is still a disaster."
(...)
In the medium term, the world needs plug-in electric cars, the only plausible answer to humanity's oil addiction that isn't decades away. But electricity is already the source of even more emissions than oil. So we'll need an answer to humanity's coal addiction, too."


4. La energía nuclear es la cura de nuestra adicción al carbón. "...nuclear power cannot fix the climate crisis. The first reason is timing: The West needs major cuts in emissions within a decade, and the first new U.S. reactor is only scheduled for 2017 (...) The bigger problem is cost."

5. No hay una varita mágica para resolver la crisis energética.
"...one renewable energy resource is the cleanest, cheapest, and most abundant of them all. It doesn't induce deforestation or require elaborate security. It doesn't depend on the weather. And it won't take years to build or bring to market; it's already universally available. It's called "efficiency"."

6. Para salvar al mundo necesitamos una revolución tecnológica.
"...we already have all the technology we need to start reducing emissions by reducing consumption. Even if we only hold electricity demand flat, we can subtract a coal-fired megawatt every time we add a wind-powered megawatt.
(...)
If somebody comes up with a better idea by 2020, great! For now, we should focus on the solutions that get the best emissions bang for the buck."


7. Deberemos cambiar nuestro comportamiento para salvar el mundo.
"It wouldn't kill you to turn down the heat and put on a sweater. Efficiency is a miracle drug, but conservation is even better; a Prius saves gas, but a Prius sitting in the driveway while you ride your bike uses no gas.
(...)
After all, the developing world is entitled to develop. Its people are understandably eager to eat more meat, drive more cars, and live in nicer houses. It doesn't seem fair for the developed world to say: Do as we say, not as we did. But if the developing world follows the developed world's wasteful path to prosperity, the Earth we all share won't be able to accommodate us. So we're going to have to change our ways. Then we can at least say: Do as we're doing, not as we did."



II. Is a Green World a Safer World?
(David J. Rothkopf)

Que el mundo gire hacia el verde no quiere decir que se acabarán las crisis mundiales relacionadas con la energía. Las petroguerras serán seguramente sustituidas por otro tipo de conflictos, igualmente complejos y delicados. Este artículo repasa algunos de ellos.

Por ejemplo: los autos eléctricos requieren baterías y, al día de hoy, las mejores son construidas de litio. Los principales yacimientos de litio en el mundo se encuentran en el desierto de Atacama, específicamente entre dos países vecinos: Chile y Bolivia, los cuales, incluso sin el nuevo oro que representa el litio, ya han enfrentado líos en el pasado. La tensión empezará a subir mientras los autos eléctricos se vendan cada día más masivamente en los grandes mercados de EE.UU., China, etc. y haya más necesidad de litio.

Otro ejemplo: el uso masivo de agua para generar energía limpia podría implicar secar regiones enteras; en el futuro, además, el agua podría convertirse en otro "petróleo".

Otro más: el recurso a la energía nuclear supone la proliferación de materiales radiactivos y mayores riesgos por terrorismo a gran escala.

El texto completo de Rothkopf explora cuidadosamente estos y otros temas relacionados.

25 ago. 2009

notas sobre el futuro (y el pasado) de la depresión

1. El futuro
(Según R.M. Sapolsky, “Will We Still Be Sad Fifty Years from Now?” En The Next Fifty Years, ed. John Brockman, Vintage, 2002)

Según Robert M. Sapolsky, profesor de biología y neurología en Stanford y autor de varios libros sobre el estrés, la enfermedad más típica del siglo XXI no será el sida, ni la diabetes, ni los problemas cardiacos, ni siquiera el Alzheimer, sino la depresión.

Parte de la complejidad de la depresión se debe a que en ella inciden factores genéticos, neuroquímicos, hormonales y ambientales. Según Sapolsky, el 15% de la población del primer mundo se ve afectada por depresión en algún momento de sus vidas. El porcentaje ha venido aumentando durante los últimos 50 años y parece que seguirá haciéndolo. Para entender por qué, Sapolsky considera esencial comprender los vínculos entre el estrés y la depresión, así como por qué la vida en la actualidad parece hacerse cada día más estresante.

Nuestros cuerpos consideran los retos externos como estresantes cuando no tenemos control sobre ellos, ni sobre sus posibles consecuencias. Ante un desafío, lo común es ponerlo en contexto, limitar su alcance sobre la vida, analizarlo y enfrentarlo. La depresión, para Sapolsky, es una falla de esta habilidad: la persona totaliza la experiencia del problema y concluye que la vida en general es terrible y que no podrá enfrentarla. La persona, a nivel biológico, no logra reequilibrarse tras una experiencia estresante (stressor), y sucumbe “más bien a una sensación generalizada de desvalimiento que luego adquiere vida propia”.

La buena noticia es que se han hallado maneras de combatir esta enfermedad, que solo parece empeorar y hacerse más invasiva con el progreso material de las sociedades y los más altos niveles de estrés que entrañan. Hay terapias químicas que actúan a nivel de los neurotransmisores ligados a la depresión, terapias hormonales, y cada día se comprenden mejor otros factores neurológicos y biológicos importantes.

La mala noticia, según Sapolsky, es que a pesar de tales terapias y otras nuevas, la depresión no cesará sino que, al contrario, seguirá su ritmo ascendente.

¿Por qué? Porque “nuestra civilización actual todavía posee muchas características depresogénicas”, y en especial porque esos factores depresivos “ocurren, con cada vez mayor frecuencia, fuera de un contexto de apoyo social”. Las fuentes tradicionales de consuelo, dice Sapolsky, se atrofiarán cada día más en el futuro. Se refiere, por ejemplo, a la familia, a la vida en comunidad y a los grupos de amigos. Pero según Sapolsky, la razón más importante para afirmarlo es estadística: en los últimos años ha aumentando considerablemente la tasa de adolescentes y jóvenes afectados por depresión. Los factores estresantes experimentados en etapas tempranas de la niñez aumentan la probabilidad de que la persona adulta padezca depresión, y cada día más niños –también en las sociedades altamente desarrolladas– enfrentan situaciones de estrés que ningún medicamento será capaz de aliviar por sí mismo: “nunca habrá una vacuna contra las vicisitudes de la vida”, dice.

2. El pasado
(Según Paul W. Andrews y J. Anderson Thomson, Jr., “Depression’s Evolutionary Roots”, Scientific American, August 25 2009.)

En un texto publicado hoy en Scientific American se habla de un 30 a 50% de personas en EE.UU. y otros países que cumplen los criterios para ser diagnosticados con depresión.

La pregunta es por qué, evolutivamente, somos tan propensos a la depresión. Sapolsky daba a entender que el problema, si no es moderno, al menos se agrava en la actualidad pues nuestras condiciones actuales de vida son muy distintas de las que experimentaron nuestros ancestros. En este sentido, sería análogo a la obesidad, pues, por ejemplo, nuestros ancestros no tenían chocolatitos ni coca cola ni pseudohamburguesas.

Sin embargo, según Andrews y Thomson, en todas las sociedades tradicionales que han sido estudiadas y que siguen siendo similares a las ancestrales, se ha encontrado depresión. La modernidad quizá agrava la tasa, pero no produce el desorden: ya estaba ahí. Lo cual, para ellos, plantea una paradoja evolutiva: si el cerebro humano cumple un papel fundamental para promover la supervivencia y la reproducción, no deberían darse tasas muy altas de enfermedades mentales que las obstaculicen, y sin embargo la depresión es cada día más común.

Resolver la paradoja implica, para los autores, no pensar en la depresión como una enfermedad, sino como una adaptación: un estado mental que, a pesar de sus costos, también produce importantes ventajas.

Se ha identificado una molécula cerebral asociada con la serotonina que, posiblemente, ayuda a “activar” la depresión, lo cual, desde el punto de vista evolutivo, no sería entonces un “accidente” sino un proceso corporal con una función particular. “Las personas deprimidas piensan constante e intensamente acerca de sus problemas.” Este pensamiento o reflexión es persistente, tanto así que a las personas con depresión les cuesta pensar en otra cosa. Los autores citan estudios que demuestran que este tipo de reflexión es profundamente analítica: la persona se toma su tiempo con un problema complejo, lo divide en elementos más simples y los considera uno por uno. Así, ante una situación estresante, la depresión fuerza al cerebro a concentrarse en él y buscar su solución, evitando todo tipo de distracciones.

El problema, pues, residiría en no poder salir de este “modo” de pensamiento que, entre otras cosas, incluye el aislamiento social (¿para poder pensar sin interrupción?). Es por esta razón, según los autores, que las terapias que incluyen pedirle al paciente que reflexione sobre su propio estado depresivo y escriba todos sus pensamientos son altamente eficaces: aceleran el proceso de meditación sobre las causas del problema.

La conclusión: “Tras considerar toda la evidencia, la depresión parece menos una afección en la que el cerebro opera de manera fortuita. En cambio, la depresión se parece más al ojo de los vertebrados: una herramienta compleja, sumamente organizada encargada de realizar una función específica.” En comparación con Sapolsky, reseñado arriba, el problema sería no tanto que la actualidad (el tipo de civilización que tenemos) provoque muchos casos de depresión, sino que para los problemas específicamente modernos que están causando hoy día esta reacción natural, no se encuentran soluciones sencillas o rápidas –y no se tiene el apoyo social suficiente que, por ejemplo, sí tenían los pequeños grupos de cazadores-recolectores–, a diferencia de los problemas enfrentados por nuestros ancestros, quizá más accesibles y menos complejos.

3a. La farmacia química
(Según Steve Silberman, “Placebos Are Getting More Effective. Drugmakers Are Desperate to Know Why”, Wired, 17.09.)

Aparentemente, los placebos están funcionando cada día mejor para curar padecimientos y las compañías farmacéuticas no tienen idea del porqué.

Merck, Eli Lilly y otras compañías han experimentado fracasos en ensayos clínicos porque nuevos medicamentos contra depresión y esquizofrenia no lograron superar los índices de éxito del consumo de placebos en los grupos de estudio. Lo mismo ha sucedido con estudios de seguimiento de medicamentos ya conocidos como Prozac. Por alguna razón todavía inexplicable, el “efecto placebo” parece estar fortaleciéndose y aumentando, lo cual, de seguir así, agravaría la crisis ya existente en la industria farmacéutica: sus multimillonarios medicamentos no resultarían mejores que píldoras de azúcar.

Según Silberman, ya no cabe ninguna duda de que los propios mecanismos curativos del cerebro se activan cuando la persona cree que el medicamento es real. Pero, según han demostrado algunos estudios, la novedad es que la frecuencia con que se tomen las píldoras, su marca (si es reconocida o no), su nombre comercial, su precio, su forma e incluso su color afecta el resultado del placebo. La respuesta del cuerpo depende de las expectativas del tratamiento, del condicionamiento, las creencias y otros factores sociales presentes en el contexto de cada paciente, lo cual parece demostrar, según los autores, que incluso hay diferencias culturales en la eficacia de los placebos.

La conclusión es que “irónicamente, el esfuerzo de las grandes farmacéuticas por dominar el sistema nervioso central ha terminado revelando lo poderoso que realmente es el cerebro. A la respuesta placebo le da igual si el catalizador de la curación es un triunfo de la farmacología, un terapista compasivo o una jeringa de solución salina. Lo único que necesita es una expectativa razonable de mejoría.”

3b. La farmacia subliminal
(Según Maj Britt-Niemi, “Cure in the mind”, Scientific American Mind, Feb-Mar 2009, 42-49)

Otros estudios han demostrado que el efecto placebo incluso beneficia a pacientes que no creen en él, y no solo en casos de padecimientos mentales como la depresión, sino hasta en casos de cáncer (2 a 7% de pacientes de cáncer en estudio; pero en pacientes de colitis mucosa, por ejemplo, el porcentaje sube a un 40% que experimenta mejoría gracias al efecto placebo).

Los placebos se pueden utilizar para entender mejor cómo controla el cerebro, por sí mismo, los procesos corporales y cómo, médicamente, se podría sacar ventaja de ello para acelerar la curación. Los estudios demuestran que las sugerencias subliminales pueden disparar respuestas fisiológicas tales como liberación de hormonas, por ejemplo. Es decir, que ni siquiera haría falta que el paciente se lo creyera conscientemente, solo habría que aprender cómo sugestionarlo.

Evidentemente, nada de esto implica que los medicamentos no sirvan, pues siguen sirviendo para la mayor parte de personas; pero sí implica que el efecto placebo debe ser tomado más en serio por las ciencias médicas, no solo para ayudar en la curación de algunos pacientes, sino para ayudar a comprender mejor los procesos curativos propios del cuerpo. Una combinación de ambos procedimientos sería quizá más eficaz en un gran número de casos.

¿Tendrá, pues, razón Sapolsky en que la depresión será la enfermedad más típica del siglo XXI, con graves consecuencias psicológicas, socioeconómicas, etc.?

O bien, si verdaderamente es una adaptación evolutiva de la cual aprenderemos a sacar provecho con terapia, placebos y medicamentos, ¿no llegará a ser más bien una enfermedad común, pero también comúnmente tratable, una especie de “gripe depresiva” no demasiado grave e, incluso, útil en algunos casos?


Véase también: "Efecto placebo varía según la forma en que el cerebro anticipa recompensas"

_ _ _

19 ago. 2009

Horkheimer el despiadado, o las ironías de la teoría crítica

En un libro publicado recientemente por la Universidad de Minnesotta, The Frankfurt School in Exile, Thomas Wheatland revisa algunos temas relacionados con la Escuela de Frankfurt que antes no habían sido tratados críticamente, como correspondería.

Max Horkheimer (izq.), Theodor Adorno (der.) y Jürgen Habermas (atrás, der.). De Wikipedia Commons.

No he leído el libro, pero me ha llamado la atención gracias a varios párrafos de la reseña que del mismo hace Adam Kirsch, en la revista de temas judíos The Tablet (mi traducción):

"En su libro, una mezcla inusualmente rigurosa de historia intelectual e institucional, Wheatland ilumina de manera renovada esta fase de la existencia de la Escuela de Frankfurt. Wheatland se interesa por las ideas de la Escuela, pero también por las formas en que factores menos intelectuales —como el dinero, los choques de personalidad y el oportunismo— forjaron el desarrollo y la recepción de esas ideas. En un sentido, Wheatland ha sometido a la Escuela de Frankfurt a un análisis auténticamente marxista: muestra cómo la infraestructura económica del grupo afectó su superestructura ideológica. En el proceso, vuelve a poner en escala humana a estas figuras frecuentemente idolatradas, y ofrece una lección objetiva acerca de las maneras poco edificantes en que se hacen las carreras intelectuales.

(...)

"De hecho, en el relato de Wheatland, Horkheimer aparece como un luchador despiadado dentro de la academia que no temía utilizar su dinero y su poder para castigar a sus enemigos. Es irónico y triste el contraste entre los sueños de liberación social de la Escuela de Frankfurt y su dependencia efectiva de ese tipo de motivos, demasiado humanos."

La reseña completa aquí.

_ _ _

15 ago. 2009

McDonald's gana con la recesión

En un artículo en Slate descubro algo en lo que no hubiera pensado pero que, una vez leído, parece absolutamente lógico: una de las empresas que más han ganado con la crisis actual es McDonald's.

El crecimiento en ventas de la compañía fue mayor en el 2008 que en el 06 y el 07. Según el texto, parte de la explicación es que, durante una recesión, las personas salen menos a comer fuera de casa y, cuando lo hacen, van a restaurantes más baratos. Por otro lado, el éxito de McD no fue solo en EE.UU., donde tienen unos 14000 locales, sino incluso en Europa, con excelente rendimiento en el Reino Unido, Francia y Rusia. Y están los mercados nuevos para McD: China, principalmente, donde ya cuentan con 1000 tiendas y planean abrir pronto otras 150.

Artículo completo de Daniel Gross: Who Won the Recession?

_ _ _

13 ago. 2009

dichosos los pobres, acostumbrados a la pobreza

Ya está en otros blogs, pero es que da tanta pena que se me antojó ayudar a difundir este video...

Ah, me olvidaba: trata sobre los pobres, los dichosos pobres que, de tan acostumbrados que están a la pobreza, no tienen idea del verdadero drama que viven los ricos debido a la crisis.

Millonarios en tiempos de crisis



_ _ _