29 may. 2006

lombriz


Hace un instante se me escapó entre los labios una palabra escurridiza como una lombriz de tierra. Y la lombriz se posó en una hoja del geranio amoratado que habita mi balcón y me preguntó con abatimiento: “¿Por qué diablos me tenías presa como un delito o una simple vergüenza?” No supe qué decirle. La tomé con las puntas de los dedos –la pensé fría, lustrosa, resignada– y con cuidado la puse en la tierra de la maceta. Se enterró solita, resentida o libre, ya no podré jamás saberlo, pues aparte de recriminarme por mi involuntaria represión, no me confesó absolutamente nada de su significado.

27 may. 2006

cielos

Hoy el cielo es una bolsa de piedras: las nubes son rocas desproporcionadas. Como casi todo el mundo, supongo, prefiero los días en que las nubes no son piedras sino ubres escarlatas. O cuando simplemente parecen ojos cerrados a distancias imposibles. ¿De cuántas metáforas se dejará pintar el cielo?

25 may. 2006

fragmento_miedo


Es curioso cómo algunas personas viven poseídas por un miedo abstracto. Un miedo sin objeto. Incluso miedo de levantarse un día y no sentir miedo. Hay personas para quienes el sentido de la vida llega a ser el miedo, y si el miedo no estuviera enredado en sus nervios no podrían vivir. Estas personas sólo pueden vivir así: enfermas, y ninguna medicina podría curarlas. En ellas –esto es lo más asombroso– el sentido de vivir es desear morir. Pero no mueren, jamás se suicidarían, al contrario: su vicio es el dolor, el temor, la ansiedad, esa es su razón para vivir. Su enfermedad es estar vivos poseídos por el miedo. Para ellos, claro, esa "enfermedad" no es una enfermedad. Detestan la muerte, la idea de morir, prefieren la vida a cualquier otra posibilidad, pero este tipo de vida: rodeada de pánico. Anxiety-junkies.
¿Será simplemente otra de las maneras en que el mundo esclaviza a las personas?

11 may. 2006

futuro desbastado

Las manos reposan, por fin, extenuadas. Han hecho todo lo que han podido. Han soñado por años, y no han querido que el sueño fuese sólo sueño, es decir, han sido de verdad manos que manipulan y sudan y forcejean, y a veces se han hecho palmas que saludan y miman, y a veces puños que golpean y se golpean. Pero ya no más. Ahora reposan, por fin, extenuadas. El sueño sigue siendo sueño, pero ha sido trabajado, y del futuro desbastado va emergiendo una silueta, un boceto, como cuando empezamos a distinguir, al acercarnos, una figura que mientras la veíamos de lejos confundíamos por otra. Ahora la silueta ya casi está al alcance de la mano que reposa, quietísima, anhelante, a la espera.

6 may. 2006

mar azul


Cuando uno escribe, por ejemplo, “el mar azul”, piensa en muchos mares a la vez, o en muchas ocasiones en que ha visto el mismo mar, que, claro, nunca es el mismo, ya lo supo y dijo de primero Heráclito el Oscuro, pero uno en cierto sentido necesita que sea el mismo porque si no no podría ni pensarlo ni decirlo: “el mar”; pues mientras uno piensa en un mar “en general”, también piensa en uno en particular, por ejemplo el de Junquillal de Cuajiniquil cierto día de febrero de… O el que tiene uno en frente si es que tiene la dicha de haber escrito “el mar azul” de hecho frente al mar azul. Luego, por supuesto, está el problema del color azul o de cualquier color –lean si no a Ludwig Wittgenstein para que entiendan las dimensiones filosóficas a las que puede llegar el problema de un simple color–, que cuál azul, si rey o índigo o cerúleo, y luego pensar que nunca, nunca podrá uno saber con certeza si la otra persona, la que oye o lee “el mar azul” percibirá y pensará el azul tal como uno lo piensa o lo ve o lo siente. Y sin embargo, claro, esa otra persona no piensa en rojo, sino en azul, algún azul, que aunque es el suyo y no el mío también es el de los dos porque si no ni siquiera nos entenderíamos. Curioso, pues: mi azul es sólo mío y el suyo es sólo suyo y no existe uno que sea de los dos, o si existe, no podemos saberlo... Ha de ser que ese que no existe es el de los dos, el “general”, la palabra “azul” y no el azul. La palabra “azul” no es ningún azul y es todos a la vez, y sólo por eso ella y yo, por ejemplo, pensamos a la vez otra cosa –el azul de cada uno– y lo mismo –el “azul”–…
En todo caso, lo que quería escribir hoy no era “el mar azul”, sino esto que sigue (y de hecho fue lo primero que escribí, antes de imbecilizarme con el galimatías de marras…):

Hoy la tarde fue un mar azul, y el mar estaba en calma, y en la calma de pronto saltó un delfín.

(P.D. 1. Si no quieren enfermarse de la cabeza prescindan de la recomendación de leer a Wittgenstein.)
(P.D. 2: Más sensato, obviamente, Reinaldo Arenas en Antes que anochezca: “¡Qué decir de cuando por primera vez me vi junto al mar! Sería imposible describir ese instante; hay sólo una palabra: el mar.”)

2 may. 2006

juego de manos


Una vez me leyeron la mano y me dijeron que las líneas de mi vida y de mi pensamiento irían paralelas hasta el final, que no habría contradicción entre lo que vivía y lo que pensaba o que –era otra posibilidad– mientras estuviera vivo seguiría pensando “bien”: aprendiendo, produciendo, sin llegar a convertirme en un viejito delirante. Me dijeron obviamente muchas cosas más, pero anoche, recién acostado a dormir, recordé específicamente esa parte de la vida y del pensamiento porque sentí, con descomedido temor, que hacía días no pensaba nada, por ejemplo nada que valiera la pena escribir en el blog; razón por la cual he corrido hoy, apenas despierto, a escribir precisamente esto, que probablemente tampoco valga la pena pero que, al menos por un rato, tal vez me consuele o divierta… Claro, también podría buscar a alguien que me vuelva a leer la mano: tal vez de allá a acá las líneas hayan cambiado y ahora digan que mi vida está condenada a dejar rezagado para siempre a mi pensamiento, y entonces podría dormir tranquilo, pues, qué alivio, pensar cosas serias ya no sería una obligación con el destino.