27 feb. 2008

cenizas

Se dejó caer sobre el sofá y apagó el cigarrillo con descuido. Las uñas se le llenaron de ceniza y empezó a limpiárselas con las uñas de la otra mano. Estaba fastidiada y, seguramente, harta de disimularlo. Finalmente, se sacudió las dos manos en la microfibra leonada y miro rápidamente a todos lados para confirmar que nadie la veía.

Yo quería devorarla. No sabía su nombre. Su marido, al otro lado de la sala e incipientemente alcoholizado, reía y gesticulaba desmesuradamente con sus amigotes. Pensé en una banda de chimpancés. Luego pensé que a veces los chimpancés machos secuestran hembras... Raptarla no me sonó tan mala idea, salvarla de ese grupúsculo... Pero al instante me humanicé: nuestro ancestro común con los chimpancés existió hace unos cinco millones de años, suficiente tiempo para que algún empuje moral se instalara en nuestros cerebros. O quizá solo quería que ella me salvara. Raptarla era innecesario, una trivialidad. Ella, además, no tendría por qué saber que para mí sería solo un juego.

Empezó a mirar el equipo de sonido como si fuera un televisor. Me acerqué. Ella levantó la vista y, tras un segundo vacío, sonrió.

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18 feb. 2008

cuatro notas

1. continuación…
El caso del barco atunero TIUNA y sus tripulantes confirma lo que decía en mi post anterior.

La liberación de los marineros da el siguiente mensaje: bienvenidos todo tipo de piratas de recursos marinos, Costa Rica es incapaz de hacer cumplir sus propias leyes. Pasen adelante, saqueen el mar, llévense lo que quieran. Es patético. Según el fiscal general, "la isla del Coco está perdida"; en cuyo caso, nadie sabe qué habrá ya en ella y sus alrededores si llegase a ser elegida como una de las siete maravillas del mundo natural (actualmente ocupa el puesto No. 5 de la lista).

2. quejas
No entiendo por qué cuando uno se queja de A, saltan por todas partes personas que lo regañan a uno por no quejarse también de B, C, D, E… Z. Que uno se queje de A no implica que no le importe también B, C, D, E… Z. Solo quiere decir que en ese preciso momento uno quería quejarse de A. Obviamente, sería imposible quejarse de todo a la vez siempre, además de infructuoso... Aunque algunos lo intentan. Es la práctica común de disparar hacia todas partes para ver si de casualidad se le da a algún blanco.

3. ejercicio especulativo
¿Y si las personas les prestáramos atención a otras personas sin meterlas en marcos prediseñados antes de escucharlas o leerlas? ¿Y si pensáramos y discutiéramos mayoritariamente sobre casos, problemas concretos en contextos específicos, y si analizáramos argumentos puntuales, independientemente de quién los dice, y abordáramos los conflictos principalmente con perspectivas pragmáticas y ánimo conciliador?

Hoy en día la complejidad de lo que, para las personas, en su cotidianidad, es la realidad, excede cualquier "visión de conjunto" o "visión totalizadora". Evidentemente hay marcos y estructuras que restringen las opciones e indican, con mayor o menor fuerza, los posibles caminos a seguir. ¿Pero es que alguien o algo sería hoy capaz de salirse de la estructura para hacerla tambalear desde fuera? ¿Adónde está ese afuera? ¿No sería una estrategia más sutil, penetrante y posiblemente exitosa, meterse aún más en la estructura y buscar sus cimientos y carcomerlos poco a poco, o ir llevando el peso hacia un lado, hasta que termine por inclinarse y se desplace o se le desplome un costado, un trozo, un piso, y cambie su forma? Esta estrategia no equivaldría a un "reformismo", sino a un asunto más espontáneo, más "an-arquista": búsquedas inadvertidas de un fundamento o principio (arche, algo que sostiene en pie al poderoso, al arconte) (todos esos detallitos ocultos que, sin embargo, sostienen lo que está levantado) para darle ligeros empujoncitos hasta mostrar, primero, su carencia de soporte o justificación última y, segundo, que no son imprescindibles ni ese tipo de principios ni otros que los sustituyan, sino, quizá, pequeñas transformaciones cotidianas de las formas de relacionarnos unos con otros, con los recursos naturales, con las instituciones que creamos y de ellas con nosotros. Por supuesto, nada de esto excluiría la posibilidad de que, en ciertas ocasiones, se pueda y se deba tomar decisiones que afecten o pretendan afectar grandes sectores del edificio al mismo tiempo. Es decir, que en lugar de elegir un frente, lo más sensato sería atacar en varios frentes a la vez.

4. Por otro lado: ¿quién diablos se robó el verano?

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9 feb. 2008

país de papel

Bastaron, ayer viernes a las 7:00 pm, 10 minutos del noticiario de Repretel para casi echarme a llorar. La policía detiene a varios asaltantes de casas particularmente violentos, según el director del OIJ en el lugar hay evidencias de los robos, y sin embargo, como es común, al día siguiente un juez les otorga la libertad.

Siguiente noticia: en San José, un colombiano que intenta vender algunas bagatelas para poder sobrevivir y sustentar a su familia, opone resistencia para que no le decomisen los artículos y se lo llevan preso. Ya se sabe que, constantemente, a los vendedores ambulantes les decomisan la mercadería.

Pero, por otro lado, a esos ladrones profesionales que tienen el amparo de las leyes para robar menos de 250000 colones al día sin ir jamás presos, pues eso, los dejan libres. Algunos de ellos tienen más de cien causas en su contra por asalto y siguen andando por la calle como si nada: saben que quizá podrían llegar a 1000 y lo peor que les pasará es una nochecita de vez en cuando en una comisaría.

Es decir, en San José los asaltantes tienen una especie de derecho tácito a robar, pero a los vendedores ambulantes, que intentan ganarse algo de dinero honestamente, les decomisan su fuente de ingresos y a veces hasta los meten presos.

Cualquier llegaría a la paradójica y deprimente conclusión de que en Costa Rica es más conveniente (seguro, rentable) ser asaltante que vendedor, o bien, que si uno se dedica profesionalmente al asalto en las calles, pues es poco probable que reciba un castigo; pero si uno quiere ganarse su dinero vendiendo cosas en la calle, pues hay una alta probabilidad de que sí se le castigue por hacerlo: no solo le quitarán la mercadería, para que quede más pobre de lo que ya es, sino que también es posible que lo metan preso.

Esta semana el fiscal anunció “mano dura” contra los delitos menores. Habrá que ver si el anuncio se queda en palabras.

Siguiente noticia: los cazadores furtivos en Guanacaste matan venados como moscas. Esta semana detuvieron a siete de ellos, pero son muchos más los que, aparentemente, entran y salen de los parques nacionales sin mayor problema. Otra suerte de paradoja: el estado costarricense “protege” zonas naturales solo para, después de que estén protegidas en papel, desprotegerlas en la realidad. Porque, dicen, obviamente no hay recursos para proteger los parques, como no los hay para proteger como debe ser la Isla del Coco, etc… Yo me pregunto si de verdad será cuestión de recursos o más bien de voluntad y orden.

A veces da la impresión de que en nuestro país mucha gente, y no solo políticos y legisladores, se conforma con que las cosas existan en papel. Los ticos le damos una trascendencia rarísima a lo escrito: si existe una ley X para Y cosa, listo, nos sentimos bien, pero que exista en la cotidianidad, que se haga cumplir, que tenga consecuencias, nada de eso parece importarnos tanto. Así, por ejemplo, que en teoría y en papel seamos una nación ecológica parece bastarnos, aunque en la realidad sea, en buena medida, solo una ilusión…

A los ticos parece importarnos mucho que se piense X o Y, pero que no que la realidad sea X o Y. Es decir, parece que nos conformamos demasiado rápidamente con las palabras, con las teorías y los papelitos. En el papel, por supuesto, somos una genialidad, el papel, como dicen, aguanta todo lo que se le escriba encima; y está bien que lo haga. La realidad, lastimosamente, no es de papel.

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5 feb. 2008

desván

A veces alguien se detiene a media calle en media vida y en un parpadeo encuentra un mundo donde antes había otro. Pero sabe que solo él ha cambiado.

Otros descubren súbitamente a los cuarenta que han olvidado su niñez. Y no tener niñez, ¿no equivale a ser una especie de monstruo o de máquina, acaso un ángel inútil?

En la acera de enfrente había una anciana sentada en una mecedora, al borde de la calle.

En el álbum de fotos de mi niñez hay un niño que se parece a mí y tiene el pie derecho, casi entero, metido en la boca.

Algunos se resisten, otros se entregan. En su mecedora, la anciana les sonríe a todos pacientemente.

Dicen que los viejos se acuerdan mejor de su niñez o juventud que de lo vivido ayer. Mi abuelita, poco antes de morir, pasaba sus días creyendo que tenía otra vez quince años y acababa de regresar en tren desde Puntarenas. Estaba ciega y casi no podía hacer nada. Yo le preguntaba con quién había ido y cómo estaba el mar y ella me contaba a diario la misma historia, con la misma emoción e inmediatez. Luego me miraba con sus amorosos ojos acabados y le decía a mi madre, ausente, "ponele algo a ese chiquillo, no ves que está todo chingoleto, se te va resfriar". Sin verme me veía de cinco o seis años, cuando yo vivía con ella casi todo el tiempo porque mis papás trabajaban todo el día. Y entonces yo le pedía que me contara algo más de ese chiquillo, para conocerlo porque no lo conocía. Y ella a veces me entendía y a veces no me entendía. Los otros son a veces el mejor recuerdo de uno mismo.

Tal vez algún día me atreva a terminar de cruzar la calle.

O entienda que no hace falta, tal vez, ni cruzar ni devolverse.

En el álbum de fotos de mi niñez también hay un niño que no se parece a mí y está paralizado en un rincón mientras otros niños masacran con palos de escoba una piñata que parece un gallo; el pobre bicho es rosado y tiene los ojos saltones.

Al otro lado, la anciana no mira a ninguna parte, mira el aire o se deja mirar, se mece, la gente pasa a su lado sin verla, pasan carros y nubes y perros callejeros. Parpadea. Cierro el álbum. Las fotografías son una quimera: muestran un tiempo detenido, es decir, una experiencia inexistente. El paraíso, quizá, solo podría ser eso: una fotografía.

Hay un desván desordenado de palabras viejas que nunca fueron jóvenes ni, por supuesto, niñas; están cubiertas de polvo, dicen que son mías, que algún día finalmente serán mías, pero que yo no podré saberlo.

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