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19 ene 2010

evolución de la compasión

Robert Wright es autor de varios libros recientes que han sido muy premiados, comentados y discutidos, lo cual indica su importancia:

(1994) The Moral Animal

(2001) Nonzero: The Logic of Human Destiny

(2009) The Evolution of God

En temas como moralidad (desde una perspectiva biológica), evolución, historia y futuro de la humanidad, compasión, historia y futuro de las religiones, etc., lo considero un autor insoslayable, con argumentos claros y sugerentes.

En mi más reciente colaboración para TED traduje una charla suya acerca de la evolución de la compasión. Los invito a escucharlo y, más aún, a leer sus libros.



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6 nov 2009

Gregory Stock: Mejorarnos es humano

Revisé y edité la traducción al español de la charla "To upgrade is human", de Gregory Stock, en TED (traducida por Emma Gon).

El Dr. Stock, Ph.D. en biofísica, es también experto en ética de la biotecnología. Aquí habla un poco acerca de las nuevas tecnologías genéticas y de cómo cambiarán lo que significa ser humano. Un par de sus libros son controvertidos, pero esperanzadores:


Su visión del futuro humano es optimista y alentadora. Para él, es inevitable que los seres humanos nos modificaremos genéticamente, interviniendo deliberadamente en nuestra evolución. A su juicio, será para nuestro bien. Los invito a escucharlo (pueden elegir los subtítulos en español en la parte inferior del video):




Más info acerca de Gregory Stock y temas relacionados:

Página en UCLA
Perfil en Accelerating Future
Perfil en KurzweilAI
A reproductive revolution?
Francis Fukuyama vs Gregory Stock

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13 sept 2009

Y sin embargo evoluciona

En el Festival de cine de Toronto acaban de presentar la película Creation, de Jon Amiel, acerca de las vicisitudes personales (psicológicas, familiares, etc) que enfrentó Charles Darwin mientras desarrollaba su gran teoría de la evolución por selección natural. La principal, quizá, fue la muerte de su primera hija, a los 10 años.

Es de sobra sabido que él se guardó sus ideas y descubrimientos durante muchos años, pues imaginaba la polémica que provocarían y, además, mientras pulía sus argumentos y añadía evidencias (paleontológicas, biológicas, etc) y anticipaba todas las posibles críticas y sus posibles respuestas aclaratorias. Él mismo quería estar absolutamente seguro de la solidez, coherencia y fundamentación de sus tesis.

Por otro lado, su esposa, Emma, era profundamente religiosa y se le haría difícil comprender que, de acuerdo con las ideas de su marido, la belleza del universo, la grandiosidad de la naturaleza y la vida, pudieran ser explicadas sin recurrir a una divinidad. Pero justo eso demostraba por primera vez la teoría darwiniana de la evolución por selección natural. Esta es la gran idea, “la idea peligrosa de Darwin”, como dice uno de sus principales defensores en la actualidad, el brillante Daniel Dennett. De modo que sus dudas y conflictos también fueron amorosos, él amaba y respetaba a Emma y sabía que sería duro para ella cuando su libro viera la luz pública. La película Creation se ocupa de estos aspectos biográficos de la vida de Darwin.

Lo que me impresiona, hoy, es que a pesar de que la película ha sido alabado por la crítica y tiene prevista su distribución en todo el mundo, y de que parece, en primera instancia, fiel a la vida y las ideas de Darwin, todavía en EE.UU. los productores no han conseguido cerrar un trato para su distribución, pues es considerada demasiado polémica para la masiva y poderosa comunidad religiosa estadounidense...

“Christian film review website Movieguide.org described Darwin as 'a racist, a bigot and a 1800s naturalist whose legacy is mass murder.'” (Artículo en Daily Mail)

Es simplemente increíble: 150 años después de la publicación de El origen de las especies, todavía en Estados Unidos quieren simplemente negar su solidez y su carácter científico. La teoría, en esos 150 años, ha recibido todo tipo de críticas e intentos de falsación, y de cada combate ha salido mejor parada, con más pruebas y mejores y más detalladas explicaciones. Muchos autores consideran que prácticamente no hay ninguna otra teoría científica que tenga tantas pruebas a su favor. Negarse a ver en ella una verdad de la naturaleza (aún si concedemos que de todos sus pormenores y complejísimos detalles y consecuencias aún se no escapa una buena parte, pero no el núcleo de su funcionamiento) por una “necesidad” religiosa, es más bien necedad y fanatismo.

Parece que no solo en Costa Rica seguimos bajo el yugo de poderes inerciales del pasado y, casi, la antigüedad. No sé si en EE.UU. sea peor, pues los niveles y la virulencia de sus fanáticos son ciertamente de temer por su capacidad de influencia.

Negar, hoy en día, la evolución por selección natural, equivale a haber negado, 150 años después de Galileo (o peor: aún hoy), que la Tierra se mueve alrededor del sol y no a la inversa.

Hoy nadie niega los descubrimientos astronómicos de la modernidad que les debemos a Copérnico y Galileo; pero en su momento sus ideas fueron tan “peligrosas” para las anquilosadas instituciones religiosas como lo son hoy (en EE.UU., por lo menos) las ideas darwinianas. El mismo Papa Juan Pablo II emitió, cientos de años después, una disculpa pública para Galileo por el juzgamiento y la condena que de él hizo la Santa Inquisición. ¿Cuánto más habrá que esperar para que el sentimiento religioso desmedido y contracientífico siga imponiéndose sobre nosotros, manipulando los hechos y la opinión pública?

Por último, es absolutamente ridículo acusar a Darwin de genocida (“mass murderer”) o cosas semejantes, como hicieron los “críticos” de cine cristianos en el citado artículo. Todos los que hemos leído a Darwin y alguna de sus biografías sabemos que fue un ser humano, en el mejor sentido de la palabra, bueno, respetuoso y con un carácter moral admirable. Suyas son las siguientes palabras:

"As man advances in civilization, and small tribes are united into larger communities, the simplest reason would tell each individual that he ought to extend his social instincts and sympathies to all members of the same nation, though personally unknown to him. This point being once reached, there is only an artificial barrier to prevent his sympathies extending to the men of all nations and races." (el énfasis es mío)

Con Darwin, lo que nos separa de una sociedad global justa y equitativa no es una condena natural sino artificial, es decir, de nuestra propia creación. Nada en la teoría de la evolución por selección natural jusifica posiciones racistas o excluyentes de ningún tipo. Solo en las versiones erróneamente simplificadas, de mala fe o demonizadas sin conocimiento, es eso posible.

Y sin embargo se mueve, murmuró Galileo, entre dientes, ante sus inquisidores.

Darwin agregaría: y también evoluciona.


Para ampliar el tema, algunos textos recomendados:

Is religion a threat to rationality and science?

La nueva ilustración evolucionista

Darwin's Complex Loss of Faith

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10 sept 2009

la inmortalidad es posible

He aquí el primer bichejo inmortal de la naturaleza:


+ en ABC
+ en Wikipedia

25 ago 2009

notas sobre el futuro (y el pasado) de la depresión

1. El futuro
(Según R.M. Sapolsky, “Will We Still Be Sad Fifty Years from Now?” En The Next Fifty Years, ed. John Brockman, Vintage, 2002)

Según Robert M. Sapolsky, profesor de biología y neurología en Stanford y autor de varios libros sobre el estrés, la enfermedad más típica del siglo XXI no será el sida, ni la diabetes, ni los problemas cardiacos, ni siquiera el Alzheimer, sino la depresión.

Parte de la complejidad de la depresión se debe a que en ella inciden factores genéticos, neuroquímicos, hormonales y ambientales. Según Sapolsky, el 15% de la población del primer mundo se ve afectada por depresión en algún momento de sus vidas. El porcentaje ha venido aumentando durante los últimos 50 años y parece que seguirá haciéndolo. Para entender por qué, Sapolsky considera esencial comprender los vínculos entre el estrés y la depresión, así como por qué la vida en la actualidad parece hacerse cada día más estresante.

Nuestros cuerpos consideran los retos externos como estresantes cuando no tenemos control sobre ellos, ni sobre sus posibles consecuencias. Ante un desafío, lo común es ponerlo en contexto, limitar su alcance sobre la vida, analizarlo y enfrentarlo. La depresión, para Sapolsky, es una falla de esta habilidad: la persona totaliza la experiencia del problema y concluye que la vida en general es terrible y que no podrá enfrentarla. La persona, a nivel biológico, no logra reequilibrarse tras una experiencia estresante (stressor), y sucumbe “más bien a una sensación generalizada de desvalimiento que luego adquiere vida propia”.

La buena noticia es que se han hallado maneras de combatir esta enfermedad, que solo parece empeorar y hacerse más invasiva con el progreso material de las sociedades y los más altos niveles de estrés que entrañan. Hay terapias químicas que actúan a nivel de los neurotransmisores ligados a la depresión, terapias hormonales, y cada día se comprenden mejor otros factores neurológicos y biológicos importantes.

La mala noticia, según Sapolsky, es que a pesar de tales terapias y otras nuevas, la depresión no cesará sino que, al contrario, seguirá su ritmo ascendente.

¿Por qué? Porque “nuestra civilización actual todavía posee muchas características depresogénicas”, y en especial porque esos factores depresivos “ocurren, con cada vez mayor frecuencia, fuera de un contexto de apoyo social”. Las fuentes tradicionales de consuelo, dice Sapolsky, se atrofiarán cada día más en el futuro. Se refiere, por ejemplo, a la familia, a la vida en comunidad y a los grupos de amigos. Pero según Sapolsky, la razón más importante para afirmarlo es estadística: en los últimos años ha aumentando considerablemente la tasa de adolescentes y jóvenes afectados por depresión. Los factores estresantes experimentados en etapas tempranas de la niñez aumentan la probabilidad de que la persona adulta padezca depresión, y cada día más niños –también en las sociedades altamente desarrolladas– enfrentan situaciones de estrés que ningún medicamento será capaz de aliviar por sí mismo: “nunca habrá una vacuna contra las vicisitudes de la vida”, dice.

2. El pasado
(Según Paul W. Andrews y J. Anderson Thomson, Jr., “Depression’s Evolutionary Roots”, Scientific American, August 25 2009.)

En un texto publicado hoy en Scientific American se habla de un 30 a 50% de personas en EE.UU. y otros países que cumplen los criterios para ser diagnosticados con depresión.

La pregunta es por qué, evolutivamente, somos tan propensos a la depresión. Sapolsky daba a entender que el problema, si no es moderno, al menos se agrava en la actualidad pues nuestras condiciones actuales de vida son muy distintas de las que experimentaron nuestros ancestros. En este sentido, sería análogo a la obesidad, pues, por ejemplo, nuestros ancestros no tenían chocolatitos ni coca cola ni pseudohamburguesas.

Sin embargo, según Andrews y Thomson, en todas las sociedades tradicionales que han sido estudiadas y que siguen siendo similares a las ancestrales, se ha encontrado depresión. La modernidad quizá agrava la tasa, pero no produce el desorden: ya estaba ahí. Lo cual, para ellos, plantea una paradoja evolutiva: si el cerebro humano cumple un papel fundamental para promover la supervivencia y la reproducción, no deberían darse tasas muy altas de enfermedades mentales que las obstaculicen, y sin embargo la depresión es cada día más común.

Resolver la paradoja implica, para los autores, no pensar en la depresión como una enfermedad, sino como una adaptación: un estado mental que, a pesar de sus costos, también produce importantes ventajas.

Se ha identificado una molécula cerebral asociada con la serotonina que, posiblemente, ayuda a “activar” la depresión, lo cual, desde el punto de vista evolutivo, no sería entonces un “accidente” sino un proceso corporal con una función particular. “Las personas deprimidas piensan constante e intensamente acerca de sus problemas.” Este pensamiento o reflexión es persistente, tanto así que a las personas con depresión les cuesta pensar en otra cosa. Los autores citan estudios que demuestran que este tipo de reflexión es profundamente analítica: la persona se toma su tiempo con un problema complejo, lo divide en elementos más simples y los considera uno por uno. Así, ante una situación estresante, la depresión fuerza al cerebro a concentrarse en él y buscar su solución, evitando todo tipo de distracciones.

El problema, pues, residiría en no poder salir de este “modo” de pensamiento que, entre otras cosas, incluye el aislamiento social (¿para poder pensar sin interrupción?). Es por esta razón, según los autores, que las terapias que incluyen pedirle al paciente que reflexione sobre su propio estado depresivo y escriba todos sus pensamientos son altamente eficaces: aceleran el proceso de meditación sobre las causas del problema.

La conclusión: “Tras considerar toda la evidencia, la depresión parece menos una afección en la que el cerebro opera de manera fortuita. En cambio, la depresión se parece más al ojo de los vertebrados: una herramienta compleja, sumamente organizada encargada de realizar una función específica.” En comparación con Sapolsky, reseñado arriba, el problema sería no tanto que la actualidad (el tipo de civilización que tenemos) provoque muchos casos de depresión, sino que para los problemas específicamente modernos que están causando hoy día esta reacción natural, no se encuentran soluciones sencillas o rápidas –y no se tiene el apoyo social suficiente que, por ejemplo, sí tenían los pequeños grupos de cazadores-recolectores–, a diferencia de los problemas enfrentados por nuestros ancestros, quizá más accesibles y menos complejos.

3a. La farmacia química
(Según Steve Silberman, “Placebos Are Getting More Effective. Drugmakers Are Desperate to Know Why”, Wired, 17.09.)

Aparentemente, los placebos están funcionando cada día mejor para curar padecimientos y las compañías farmacéuticas no tienen idea del porqué.

Merck, Eli Lilly y otras compañías han experimentado fracasos en ensayos clínicos porque nuevos medicamentos contra depresión y esquizofrenia no lograron superar los índices de éxito del consumo de placebos en los grupos de estudio. Lo mismo ha sucedido con estudios de seguimiento de medicamentos ya conocidos como Prozac. Por alguna razón todavía inexplicable, el “efecto placebo” parece estar fortaleciéndose y aumentando, lo cual, de seguir así, agravaría la crisis ya existente en la industria farmacéutica: sus multimillonarios medicamentos no resultarían mejores que píldoras de azúcar.

Según Silberman, ya no cabe ninguna duda de que los propios mecanismos curativos del cerebro se activan cuando la persona cree que el medicamento es real. Pero, según han demostrado algunos estudios, la novedad es que la frecuencia con que se tomen las píldoras, su marca (si es reconocida o no), su nombre comercial, su precio, su forma e incluso su color afecta el resultado del placebo. La respuesta del cuerpo depende de las expectativas del tratamiento, del condicionamiento, las creencias y otros factores sociales presentes en el contexto de cada paciente, lo cual parece demostrar, según los autores, que incluso hay diferencias culturales en la eficacia de los placebos.

La conclusión es que “irónicamente, el esfuerzo de las grandes farmacéuticas por dominar el sistema nervioso central ha terminado revelando lo poderoso que realmente es el cerebro. A la respuesta placebo le da igual si el catalizador de la curación es un triunfo de la farmacología, un terapista compasivo o una jeringa de solución salina. Lo único que necesita es una expectativa razonable de mejoría.”

3b. La farmacia subliminal
(Según Maj Britt-Niemi, “Cure in the mind”, Scientific American Mind, Feb-Mar 2009, 42-49)

Otros estudios han demostrado que el efecto placebo incluso beneficia a pacientes que no creen en él, y no solo en casos de padecimientos mentales como la depresión, sino hasta en casos de cáncer (2 a 7% de pacientes de cáncer en estudio; pero en pacientes de colitis mucosa, por ejemplo, el porcentaje sube a un 40% que experimenta mejoría gracias al efecto placebo).

Los placebos se pueden utilizar para entender mejor cómo controla el cerebro, por sí mismo, los procesos corporales y cómo, médicamente, se podría sacar ventaja de ello para acelerar la curación. Los estudios demuestran que las sugerencias subliminales pueden disparar respuestas fisiológicas tales como liberación de hormonas, por ejemplo. Es decir, que ni siquiera haría falta que el paciente se lo creyera conscientemente, solo habría que aprender cómo sugestionarlo.

Evidentemente, nada de esto implica que los medicamentos no sirvan, pues siguen sirviendo para la mayor parte de personas; pero sí implica que el efecto placebo debe ser tomado más en serio por las ciencias médicas, no solo para ayudar en la curación de algunos pacientes, sino para ayudar a comprender mejor los procesos curativos propios del cuerpo. Una combinación de ambos procedimientos sería quizá más eficaz en un gran número de casos.

¿Tendrá, pues, razón Sapolsky en que la depresión será la enfermedad más típica del siglo XXI, con graves consecuencias psicológicas, socioeconómicas, etc.?

O bien, si verdaderamente es una adaptación evolutiva de la cual aprenderemos a sacar provecho con terapia, placebos y medicamentos, ¿no llegará a ser más bien una enfermedad común, pero también comúnmente tratable, una especie de “gripe depresiva” no demasiado grave e, incluso, útil en algunos casos?


Véase también: "Efecto placebo varía según la forma en que el cerebro anticipa recompensas"

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28 jul 2009

mujeres hermosas, hombres feos, posporno

Par de artículos sugerentes con los que topé hoy:

1. Según investigadores de la Universidad de Helsinki, la evolución está haciendo que las mujeres sean cada día más bellas, mientras que los hombres siguen igual de feos que los cavernícolas. Según el estudio, las mujeres más atractivas tienen 16% más hijos que las mujeres menos atractivas; y, además, una mayoría de esos críos son a su vez mujeres, las cuales, al crecer, repiten el patrón (el atractivo físico, en buena medida, parece ser heredado). Si los hombres seleccionan a las mujeres más atractivas dentro de sus posibilidades, para las mujeres, en cambio, la belleza física masculina no es tan importante. Las mujeres, al parecer, le dan más importancia a la capacidad del hombre para cuidar de ellas mientras estén embarazadas (evolutivamente, el período más vulnerable a ataques de depredadores) y luego para proveer para sus hijos, de modo que entre los hombres la competencia no es por ser más atractivos, sino más exitosos.
(Detalles en: “Women are getting more beautiful”, de Jonathan Leake)

2. En “Iniciación a la pospornografía”, de Leonardo Faccio, me entero de la existencia y características del Pos Porno, un movimiento que milita para expandir las libertades sexuales, en contra de las fobias que marginan a transexuales y cualquier otra persona cuya sexualidad no sea “mainstream” y en contra de los mensajes de la pornografía tradicional. Me encanta la distinción entre "biohombre" y "tecnohombre", y "biomujer" y "tecnomujer". En el futuro próximo, de todos modos, todos seremos cyborgs... Cito:

“Acabar con los roles que imponen los géneros es el mayor desafío político que propone el Pos Porno. De ahí que en Hangar nadie dice hombre o mujer, si no 'biohombre' y 'biomujer'. El objetivo es no ofender a quienes nacieron con una estética que no se corresponde con su sexualidad. 'Tecnohombre' o 'tecnomujer' son quienes pasaron por el quirófano o son adictos a las prótesis.
[...]
El cuerpo tiene una multiplicidad de expresiones que no se pueden reducir a lo masculino y lo femenino. Las identidades sexuales son una herramienta política inventada en la modernidad, porque hasta el siglo XVII no existían", dice Beatriz Preciado, autora de los libros 'Manifiesto Contrasexual' y 'Terror Anal', que acaba de ser presentado en Barcelona, igual que otros cuatro títulos considerados 'pospornográficos' , y también firmados por 'biomujeres'.”

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