15 jul. 2009

Suicidio doble a los 54 años de amor

"Suicidio" no es la palabra más adecuada. A pesar de que el DRAE simplemente lo define como "quitarse voluntariamente la vida", el término arrastra un estigma. La gente baja la voz cuando dice "fulanito se suicidó".

El caso que hoy me ha llamado muchísimo la atención es más bien de "suicidio asistido" o, más exactamente, de "eutanasia". Pero no de una persona sino de dos: el director de orquesta británico Sir Edward Downes, de 85 años, casi sordo, casi ciego y enfermo de cáncer; y su esposa, Joan, ex bailarina de 74 años y a quien recientemente le diagnosticaron un cáncer terminal.

Sus hijos divulgaron un comunicado de prensa en el cual, entre otras cosas, dijeron esto: "Después de 54 felices años juntos, decidieron poner fin a la vida en vez de seguir luchando con serios problemas de salud. Murieron en paz y en circunstancias que ellos eligieron..."

La organización que los ayudó fue la clínica suiza Dignitas (acertadísimo el nombre), a la cual, al parecer, ya han acudido más de 115 británicos para poner fin a sus vidas.

La noticia me la robé de El País. Más información sobre Dignitas en: Wikipedia, Portal suizo de información; sobre la muerte de Downes: Clarín, BBC.

Posdata. Por otro lado... estar a favor de la eutanasia en un país que, entre otras aberraciones legislativas, insiste en prohibir la fertilización in vitro y sigue considerando a los homosexuales como personas discapacitadas para formar familias... pues, por decir lo menos, se siente uno como en una caverna, o en una cápsula que ha viajado atrás en el tiempo, o un país moralmente varado que sigue lamentándose de la "pérdida de valores" cuando en buena parte del mundo los valores no se perdieron sino que se transformaron, generalmente para bien. Es decir, que más bien desea uno que se terminaran de perder algunos viejísimos valores para ver si así encontramos el coraje de asumir otros renovados. Y no es tan complicado; por ejemplo, gran parte del atraso se explica por no querer separar, formal e informalmente, a la religión del estado... ¡Hace pocos días escuché a un diputado de la República mencionar sus conversaciones con Dios como criterio para tomar sus decisiones políticas! ¡Válgame Dios!

Posdata 2. Eduardo Ulibarri publicó en noviembre de 2008 un artículo pertinente para el contexto costarricense de estas "guerras culturales", vale la pena recordarlo. También este de Carlos Santamaría.

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