29 jun. 2006

6 meses de blog bajo la lluvia


Despertarse y ver que el mundo es un aguacero parece una pesadilla que de algún modo se coló a la vigilia. Ya sé que vivir en este país implica saber y aceptar que puede llover hasta nueve o diez meses al año; pero cuando desde que uno se despierta el cielo ya está borrascoso y hay que sacar a los perros con paraguas, no, es deprimente. De hecho, siempre me han deprimido las lluvias (“probabilidad de lluvias”, dicen los sabelotodos del Meteorológico, ¡qué gran descubrimiento científico!), y más si vienen con retumbos y destellos eléctricos… es que vivir bajo un cielo encapotado y las calles anegadas (o “caminos”, para no exagerar)…

Pero no quería escribir sobre eso.

Hace seis meses empecé esta bitácora sin tener muy claro qué iba a hacer en ella. He intentado varias cosas y casi siempre me siento insatisfecho. Curiosamente, es muy distinta de mis diarios en papel, cuadernos interminables de… No importa. Por un momento, al principio, pensé que en este espacio virtual me inclinaría a escribir sobre asuntos más técnicos –no sé bien cómo definirlos– o “teóricos”. Es decir, sobre mis intereses en filosofía y en general sobre mis temas recurrentes de lectura (aparte de novelas): la desconstrucción y la obra de Jacques Derrida, la posmodernidad, las relaciones entre filosofía y literatura; o el otro lado de mis intereses y pasiones intelectuales (sí, hay tal cosa): asuntos de últimas tecnologías y sus efectos socioculturales, psicológicos, evolutivos (cibernética, inteligencia artificial, biotecnología, etc.), futurismo, transhumanismo, las consecuencias políticas de las tecnologías (por ejemplo), principalmente cuando se las apropia la gente común (smart mobs, etc…) Pero es un panorama tan diverso y confuso –para mí, digo, que abuso tal vez de ese barroquismo temático–, que finalmente pensé que usar el blog para escribir sobre todo eso sólo sería ventilar mis propias confusiones o, al menos, ese “desorden teórico” que, al menos en privado, para mí es inofensivo y hasta lúdico, precisamente porque no sigue un programa académico, ni padece por la obligación de sistematizarlo...

Yo creo en la escritura autobiográfica, pero creo que al escribir autobiográficamente uno debe esforzarse por hablar cada vez menos de uno mismo; es decir, creo en la escritura autobiográfica impersonal, lo cual, claro, habría que explicar mejor, pero no es este el momento. Lo que quiero decir, tal vez, es que no me gusta hablar de mí, ¿por qué habría de ser yo –mi vida íntima– un tema interesante para algún lector? Además, en esta época de locura publicitaria y massmediática, donde todo se organiza para intentar que uno se muestre o desee mostrase, creo que lo más sensato es esforzarse por quedar oculto, al margen, y actuar desde allí, disimuladamente, por ejemplo escribiendo, pero sin llamar demasiado la atención… Pero por otro lado, sí creo que cada quien debiera escribir desde su propia experiencia –sin fingir falsas distancias, objetivas o ficcionales–, es decir, sin pretender desaparecer del todo detrás de enrevesadas tramas novelescas o de hiperanalíticos proyectos ensayísticos o científicos…

En fin, y sólo para esclarecer un poco el contexto de esta nota introspectiva –de la cual probablemente me arrepentiré en un par de horas, o tal vez no–, baste con decir o confesar que quizá mi confusión se deba a esto: casi me gradué como ingeniero en electrónica (desistí cuando me faltaban muy pocos cursos), luego, como en lugar de estudiar a fondo la arquitectura de los microprocesadores prefería leer a Nietzsche, a Camus, a Dostoievski, me lancé a otro extremo y me gradué finalmente como licenciado en filosofía (tesis sobre Jacques Derrida). [Del baúl de los recuerdos: texto mío sobre cambio de carrera en Áncora de 1997]. Y sin embargo, a pesar de esas dos aventuras académicas, trabajo principalmente como traductor –aunque también he trabajado como profesor, como vendedor de libros, como cuidador de perros– y en realidad desde hace varios años sólo he querido encontrar la manera de poder dedicarme a escribir, sólo a escribir. Sobra decir que no lo he conseguido, aunque el proyecto sigue en pie y en obra (he escrito, por ejemplo, unas cuasinovelas con las cuales no sé qué hacer).

Esto habría de bastar como contextualización autobiográfica. Decir más sería confesar impúdicamente o pecar de narcisismo o megalomanía: una obscenidad o una impertinencia.

Para mí, eso sí, aquí el tema es el de mi “indecisión bloguera”: no haber sabido definir qué hacer con este espacio. O no haber aceptado del todo que no hay por qué definirlo. Por un lado, como dije, pensé en hacerlo un escaparate de pensamientos y reflexiones cotidianas, unas más serias que otras, y de exploraciones de lecturas hechas –cosa que en general no he cumplido–. Pero por otro lado, también quise exponer aquí sólo fragmentos mínimos –digamos de tipo más “lírico”, o puntual, una imagen, una pincelada temática, sólo chispas de sentidos posibles– y no ensayos más acabados u opiniones más pensadas o de “actualidad”, que eso, creo, lo hacen mucho mejor otras personas, y uno debe empezar por reconocer sus limitaciones e intereses (algunas veces los intereses determinan las limitaciones). Pero lo que sin duda no quería hacer era usar la bitácora para hablar de mí –como, traicionándome, estoy haciendo ahora mismo–, es decir, de mi vida privada, porque para eso están mis diarios verdaderamente privados. (Odio cualquier variedad de big brother, sea político o mediático, voluntario o impuesto.)

De modo que el resultado ha sido un híbrido mutante, ocasional, desigual, que en cierto sentido me deja un mal sabor de boca. Aunque también en otros sentidos un buen sabor de boca –revuelto con el malo– pues por andar por aquí he podido leer miles de posts de muchas gentes disímiles, y así he llegado a convencerme de que este asunto es un ejercicio de humanidad (y no tanto por escribir, claro, sino por leer). Otra muestra de que las tecnologías pueden servir para acercar a las personas, aun si no es físicamente, cara-a-cara. De todos modos, fue una historia y un mundo sin teletecnologías lo que culminó en las atrocidades del siglo XX. Tal vez este tipo de espacios virtuales –y cualesquiera que sirvan para dar a leer, a pensar, a conocer otras personas y costumbres y dilemas, a dialogar o “multilogar”, incluso a gozar, y a democratizar los saberes y extender las posibilidades de la hospitalidad– puedan ayudar a que el nuevo siglo sea más esperanzador que el último.

Y bueno, que la mañana lluviosa me inclinó a la introspección… Esto lo escribí primero en mi cama, todavía bajo las cobijas, después de que mi esposa se fuera a su trabajo –¡tan temprano, malditos, tan temprano!–, con Aldo a mi lado, casi ronroneando como gato, de tan chineado que se pone, necio, cree que la misión de mi vida es hacerle cariños… A veces, supongo, la confusión sí puede aclararse un tanto o al menos aligerar su peso con sólo compartirla con alguien, o, como aquí mismo, con la posibilidad de alguien, algún lector anónimo, generoso, humano demasiado humano como yo.

Tal vez la lluvia no deba ser tan entristecedora como parece.

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este es el guapo de Aldo:

6 comentarios:

Sergio dijo...

Un buen ejercicio el que has hecho. El objetivo del mío era investigar temas y hacer un blog de carácter informativo, pero el poco tiempo no se convirtió en nada más que un espacio para compartir algunas cosas que me preocupan o me llaman la atención.

Sin parecer tampoco centro del universo, hasta he posteado (del ámbito de mi privacidad) un par de cosas que me parecen preocupantes, como sentirme tan agobiado para escribirlo en público.

No quiero sonar condescendiente con tu post, pero comparto la insatisfacción, una que puede ser más general que tener el blog 6 meses bajo la lluvia. Debo sentirme de nuevo cronopio, como cuando empecé mi blog.

Sergio dijo...

Un buen ejercicio el que has hecho. El objetivo del mío era investigar temas y hacer un blog de carácter informativo, pero el poco tiempo no se convirtió en nada más que un espacio para compartir algunas cosas que me preocupan o me llaman la atención.

Sin parecer tampoco centro del universo, hasta he posteado (del ámbito de mi privacidad) un par de cosas que me parecen preocupantes, como sentirme tan agobiado para escribirlo en público.

No quiero sonar condescendiente con tu post, pero comparto la insatisfacción, una que puede ser más general que tener el blog 6 meses bajo la lluvia. Debo sentirme de nuevo cronopio, como cuando empecé mi blog.

Ana dijo...

¡Es guapísimo, definitivamente!
Creo que el fin de un blog evoluciona y los que siguen un sólo fin que no se saldrá de su camino terminan desapareciendo.

¿Cómo hacer que algo tan personal (para algunos) siga una línea planteada con antelación si nosotros mismos cambiamos tanto?

Siempre he evitado blogs que no son consistentes; donde el esfuerzo que hacen sus autores por parecer muy conocedores, o muy artistas o muy escritores los hacen perderse y empezar a escribir algo que no es realmente ellos.

Al final existe la gran posibilidad que sea un sentimiento común: el querer hacer de nuestros blogs algo diferente de lo que son en este momento; sin embargo puede no ser más que este otro sentimiento de querer que haga frío cuando hay calor y viceversa.

Y para finalizar con el ya tan extenso comentario: he llegado a pensar que la importancia radica en la posibilidad que nos da este espacio, el saber que está ahí para cuando haya que decir algo, lo que sea; y bueno como valor agregado los que están ahí para leer.

Humo en tus ojos dijo...

Aldo es guapísimo!! Tiene que tener voz de perro seductor!!! jeje

Tomando el tema... pues sí... cuando uno comienza ni sabe en qué se está metiendo... y sí... tarde o temprano creo que muchos nos preguntamos que son estos híbridos mutantes que escribimos. A mí me parece interesantísimo no solo poder observarme tiempo después, si no observar los personajes de otros a través del tiempo... me maravilla la pluralidad de intereses que puede tener una persona (vista como ese personaje que escribe y nos regala sus intereses y su mirada), como a veces quienes se resisten a ser personales acaban por ventilar algo persona en el blog.

Y coincido con Ana... hay cosas que me producen sospecha y/o aburrimiento, al final, si uno termina evitando cierto tipo de blogs, viene siendo porque no encontramos en esa lectura afinidades de ningun tipo.

Es un poco como ver paisajes descritos con las palabras de los otros... de algunos quisieramos saber más... de otros quisiéramos jamás haberles visto.

pezenseco dijo...

Bueno SERGIO, ni modo, cronopios insatisfechos bajo la lluvia...
ANA + HUMO, genial cuando las palabras de otro son más propias que las propias, con lo cual el otro no es tan otro. Para mí esa es la mejor sorpresa que se puede encontrar al leer.

Denise dijo...

Odio la lluvia, es deprimente.
Aldo se parece a Gala, la de mi casa. Los beagles son lo mejor.
Los blogs... yo ahora ando como de bajón bloggero, supongo que será mi propia versión de la indecisión que explicás; pero lo que tengo claro es que lo mejor es el caos, ese anarquismo tan genuino como el que profesás acá.