6 ago. 2006

vivir, la ignorancia

Imagino que Dios, si existiera, nos habría dado como su único y mejor regalo el sentido de la vida: el sinsentido de todo lo demás.

La única garantía de que la vida no pueda llegar a ser totalmente absurda, incluso imposible, es que siempre haya una buena cantidad de incomprensibilidad y de aporías.

Vivir es no saber, es curiosear, vivir es preguntarse. Veo a diario, por ejemplo, que incluso mis perros pasan todo el día preguntándose cosas. Supongo que saberlo todo sería algo muy parecido a estar muerto.

Las mejores cosas de la vida siempre están mezcladas con cierto grado de oscuridad.

La naturaleza, en general, es a la vez sublime e infernal, siempre las dos cosas y nunca una sola. Quizá sea ese el signo más evidente –al no ser evidente– de que hay cierta inteligencia en el universo, pues si las cosas fueran nítidas y unívocas no habría para qué pensar, ni siquiera para qué vivir.

Nuestro “don”, pues, sería que nuestro saber esté fomentado y limitado –a la vez, inexorablemente– por cierta ignorancia fundamental.

2 comentarios:

Ana dijo...

Vivimos buscándole sentido a la vida y a lo que hacemos, es como norma general el despertarse todos los días con un sentido claro de todo lo que nos rodea. Aceptar el sinsentido de todo da miedo, más el sinsentido de la vida... pero acaso no es la única forma de no ser ignorantes de la vida?

Humo en tus ojos dijo...

por ahí empieza no? el 'buscador' se manifiesta una vez que se manifestó el 'ignorador' (ese mismo de la vocecita que reconoce nuestra ignorancia fundamental)