19 oct. 2006

la escritura sustantiva

Algunas personas creen que la escritura debe idealmente reducirse a los sustantivos, a la descripción substancial del mundo o los hechos, es decir, a la objetividad. Por eso huyen de los adjetivos como de la peste.

Yo no sé cómo pueden estar tan seguros de qué es el mundo objetivo; pero creo que una escritura de sólo sustantivos sería una escritura metafísica, pues reduciría el mundo a una suma de cosas que veríamos sin hacer juicios estéticos, como lo haría, quizá, una computadora.

A mí todo eso se me hace harto sospechoso. Un atardecer, por ejemplo, no lo ve igual un oficinista que recién ha salido, hastiado, de su trabajo; que un indigente que ha pasado el día entero husmeado por migajas, pidiendo para sobrevivir; o que un ricachón que un lunes por la tarde va en su 4x4 último modelo a la playa porque todo un ejército de empleados vela para que sus finanzas sigan el ritmo creciente que deben seguir. Y si, en un cuento o una novela, el narrador tiene de personaje al oficinista hastiado, al indigente famélico o al ricachón campante, pues obviamente tiene que distinguir el atardecer entre los respectivos sujetos, pues todos ellos, dichosamente, no son la misma máquina de calcular, sino personas con facultad de juzgar estéticamente lo que miran. Tal vez, para el oficinista subremunerado el atardecer no sea sino la hora de coger el bus a su casa, es decir, una hora de multitudes y estrecheces, de cansancio y desinterés por todo, incluido, claro, el astro rey en su descenso cotidiano. Para el indigente, de modo similar, el sol no representará mayor espectáculo, por más impresionante que fuera su descenso en el día en cuestión, pues sólo anuncia otra noche con el estómago vacío. Pero para el acaudalado que va por la autopista camino a la playa este lunes por la tarde, el sol no es sólo una luz que le obstaculiza la visibilidad, sino en realidad un espectáculo venturoso. Además, ¿sin adjetivos, podríamos verdaderamente experimentar, juzgar y decir la injusticia que entraña que solo para un rico llegue a ser el atardecer un fenómeno estético con cierto sentido vital?
La objetividad, tanto como la ontología, sólo se le da bien a las máquinas o a los ángeles, pero no a los humanos, tan imperfectos y anhelantes, ilusos y arriesgados.

Esta no es una posición realista en sentido fuerte, ni mucho menos subjetivista, en ambos casos dos ingenuidades. No creo en ningún extremo, ni en la pura objetividad ni en la pura subjetividad: el ser humano habita siempre en el "entredós" de los extremos, en zonas difusas o de incertidumbre; eso, precisamente, es para mí la realidad, y por eso no creo posible describirla a cabalidad.

Y si no se puede prescindir ni del sustantivo ni del adjetivo, lo que, entonces, cabe, es la moderación: la búsqueda del balance justo entre ellos. ¿No es eso, en todo caso, siempre un poco lo que debiéramos hacer los seres humanos, buscar balances justos entre extremos imposibles?

2 comentarios:

Ana dijo...

Pues se me ocurre que para algunos la búsqueda constante de esos extremos imposibles los hace terminar cerca del balance, como una mano que los jala cuando están llegando al extremo. Algo como el punto de equilibrio con la oferta y la demanda.

Por otro lado pensaba mientras leía que: no sólo el adjetivo nos permite diferenciar el atardecer para diferentes personajes, si no que también nos permite diferenciarnos a nosotros mismos de lo que somos o lo que fuimos; hace un año ese atardecer pudo ser triste y hoy es maravilloso. O no irnos tan largo y saber que un día puede ser el sol que molesta y otro el momento de paz que termina un día hermoso.

A veces he pensado eso como forma de liberar preocupación, imaginar X lugar en ese momento. Qué pasará en aquel lugar donde fui tan feliz en este momento, siguen sus calles con sus luces, los cafés y los niños en los parques. Como darse la oportunidad de calificar el momento con diferentes adjetivos.

Saludos Víctor!!

Denise dijo...

Estoy con Anita en que incluso a nivel personal, el adjetivo puede ir variando para la misma situación... y creo que el balance tiene sentido si es lo que se desea; me explico: yo prefiero la visión adjetivada que la sustantiva, sobre todo en las cosas personales. Ya tengo suficiente con los asuntos de trabajo y el estudio (que casi siempre tiran a lo objetivo).
Ahora, en cuanto a la escritura pues sí, nada más molesto que un exceso en cualquiera de las dos direcciones!
Saludos!