10 dic 2009

para construir un mundo mejor

En mi más reciente colaboración con TED, edité la traducción al español (realizada por Eduardo Flores Mendoza) de la charla de Jamais Cascio acerca de algunas herramientas para construir un mundo mejor. Estas herramientas o medios no son ideas o proyectos o posibilidades por venir, son en buena medida tecnologías que ya están disponibles; lo fundamental, para él, es saber cómo usarlas, lo cual implica tomar ciertas decisiones individuales e institucionales.

Aparte de escuchar la charla, y para tener una mejor idea del tipo de trabajo y de proyectos de Jamais Cascio y otras personas como él, lo mejor es visitar y navegar el sitio (y la organización) de la cual es cofundador: WorldChanging.

La tecnología, en términos generales, no es enemiga del medio ambiente. Gracias a avances tecnológicos y a un tipo de pensamiento enfocado en encontrar soluciones innovadoras con medios ya existentes o próximos a existir, el "estilo" de WorldChanging enseña cómo alejarse del pesimismo o apocalipticismo tan típico en otros sectores de lucha ambiental y centrarse más bien en soluciones viables y, potencialmente, capaces de transformar el mundo de maneras accesibles. En WorldChanging lo dicen así:

We cover the world’s most innovative solutions to the planet’s problems, and inspire readers around the world with stories of new tools, models and ideas for building a bright green future.

(...)

In the five years since its founding, Worldchanging has produced more than 10,000 visionary articles and one bestselling book. and has become a go-to source for forward thinking, solutions-based journalism that takes a big-picture approach to sustainability.

(+ About WorldChanging)

La charla de Jamais Cascio en TED:



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3 dic 2009

El cuento de uno mismo

La Editorial de la Universidad de Costa Rica acaba de publicar mi libro El cuento de uno mismo. Escripunturas (2003-2006) y otros textos.



El libro reúne mis columnas "Escripunturas", publicadas originalmente en el Suplemento Cultural Áncora, de La Nación, otros artículos periodísticos y algunos textos inéditos. Cuando aparecían las columnas en el diario, cada tres domingos, y luego el lunes o el martes o cualquier otro día recibía un correo electrónico de algún lector en el que me hacía un comentario personal, o crítico, o el que fuere, sentía un agradecimiento muy sincero y muy difícil de explicar. Porque tomarse el tiempo, tras leer un texto breve en un diario, para contestarle o contarle algo al autor de ese texto, aparte de extender el texto mismo, es un gesto, para mí, de desprendimiento y de inteligencia. Entraña, o expresa, una de las ideas fundamentales -al mismo tiempo- de la literatura y la democracia: uno, alguien, se expresa públicamente; y otro, que lee al primero, contesta, replica, dialoga. En nuestros días este proceso se facilita y enriquece gracias al correo electrónico y las redes sociales en línea.

Buena parte de los textos incluidos en el libro se ocupan de explorar esa rara frontera entre uno y uno mismo, entre uno y los otros; y "rara" porque nunca está claramente definida, aun si de muchísimas formas se nos quiere hacer creer lo contrario. La escritura, sea en ensayos periodísticos, novelas o poemarios, cumple entre otras funciones la de acercar a personas anónimas que de otra forma jamás entrarían en contacto; e incluso pone en contacto a una persona cualquiera con otras versiones de sí misma.

En alguna página de este librito escribo lo siguiente:

Me parece que la literatura –más, pues, que la religión, la filosofía o la ciencia– es el producto humano que mejor muestra y pone ya en acto esa fuerza moral de la racionalidad humana, su posible –pero no siempre efectiva– sabiduría moral, es decir, esa posibilidad de dar razones y conversar y contrastar y decidir sobre diversas maneras de pensar y de actuar y sobre la necesidad de que haya el derecho de hacerlo de maneras diferentes, sin que haya una culminación en algo definitivo. O bien: que muestra la diversidad humana en su complejidad contextual, y que esa diversidad puede coexistir sin tener que convergir en una sola razón triunfante. Más aún: es en la literatura universal –y precisamente por esto lo es– donde mejor se muestra que, atravesando todas nuestras diferencias, hay una veta de igualdad que une a todos los seres humanos.

En un sentido ideal, la escritura nos acerca sin que medie en ello ningún poder más que el de la sugerencia, el de la seducción de las palabras y las imágenes y las ideas. Sueño una especie de democracia por venir donde las personas se lean unas a otras y, por eso mismo, lejos de cualquier exhibicionismo o cualquier egoísmo, se conozcan y se desconozcan mutuamente y comprendan que a través de todas nuestras diferencias siempre hay y habrá muchos hilos comunes: son el tejido de una sola humanidad.

Estos son algunos de los temas que me acosaron durante algún tiempo y a veces todavía lo hacen. Algunas reflexiones al respecto quedan en las páginas de este libro; estoy y estaré agradecido con los lectores que pueda llegar a tener.

Esta es la contraportada (clic para ampliar):



Dejo aquí el índice.

Y acá una brevísima muestra del libro: "Escribir, la propia voz".

El libro se puede adquirir en la Librería Universitaria de la UCR. (Envío internacional disponible para pedidos hechos en línea.)

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26 nov 2009

que venga el cambio climático

La actitud más común ante el cambio climático actual es de alarma y pánico. Para muchos, la presencia de escenarios apocalípticos en películas y noticieros es una especie de ritual cotidiano. No sé si masoquismo, simplemente, o una manera visual de afianzar mentalidades religiosas, o ambas cosas.

Por otro lado hay muchísimos estudios y perspectivas, algunas, incluso, alentadoras, acerca de cómo enfrentar el calentamiento global de manera "adaptativa" para que no se convierta verdaderamente en una amenaza para la humanidad. La Tierra ha vivido durante su historia grandes cambios climáticos una y otra vez, sucesiones de tiempos más cálidos y eras glaciales; y ha vivido cambios catastróficos como -entre los más notorios- la extinción masiva de los dinosaurios.

Los debates son acalorados entre quienes creen en el calentamiento global y lo consideran producto de la actividad industrial humana, y quienes, por el contrario, son escépticos al respecto de las consecuencias supuestamente nefastas que según aquellos nos esperan a la vuelta de pocos años.

Hay países enteros, así como grandes corporaciones, detrás de cada argumento; hay científicos subvencionados por esos países y corporaciones; y no es pues de extrañar que existan hoy día evidencias científicas en apoyo de uno y otro bando. Una gran cantidad de expertos, por ejemplo, arguye más bien que dentro de poco empezará un nuevo período glacial y que las pesadillas anticipadas por el calentamiento global no llegarán a hacerse realidad. (En Wikipedia hay una lista de los científicos -y sus principales argumentos- opuestos a las valoraciones más comunes sobre el calentamiento global.)

En fin... lo más problable es que este siglo no será el fin del mundo; lo cual no implica que haya que hacerse la vista gorda ante los problemas causados por el uso humano de los combustibles fósiles. La opción más sensata parece ser, por un lado, aceptar la irreversibilidad de algunos problemas actuales y, por otro lado, usar la mejor ciencia y tecnología para diseñar e implementar estrategias de adaptación que nos permitan seguir floreciendo en este planeta. Más o menos, esta es la perspectiva, honrada y no alarmista, de Spencer Reiss, de quien acabo de leer en Wired un muy breve texto que, no por breve, deja de ser preciso y sugerente: "Rising Tide. Face it: Climate change is inevitable. Luckily, we know how to adapt." Lo recomiendo.

Cito dos pasajes significativos del artículo:

"According to the National Oceanic and Atmospheric Administration, C02 that’s already in the air or in the pipeline will stoke “irreversible” warming for the next 1,000 years. Any scheme cobbled together in Copenhagen for slowing—forget reversing—the growth of greenhouse gases will be way too little, way too late. In the apt jargon of industry, a hotter planet is already “baked in.” James Lovelock, the British chemist who redubbed Mother Earth as “Gaia,” tells the ungilded truth: Can we hit a carbon Undo button? “Not a hope in hell.”

Now here’s some good news: We can still come out OK. Because by one of those strokes of luck that seem to follow the most charmed species on earth, climate change arrives just at the moment when we have—or have in sight—an array of tools for adapting and extending human civilization to any and every environment."

(...)

"Coastal communities, for example, will survive not because the world will somehow unite to stop sea levels from rising (it won’t). They’ll survive because they’ll learn to adapt—much as the Dutch have done since the Middle Ages.

Ditto the other supposed horsemen of the climate apocalypse. Drought? Check out Perth, on the edge of the Great Australian Desert, where more than a million people keep hydrated with seawater that’s been desalinated by wind power. Famine? Talk to the biotech wizards designing postindustrial crops for every microclimate (and, yes, palate). Plague? Getting real health care to the several billion people who lack it will be much better insurance against illness than wishful thinking about a Goldilocks climate. None of these are complete solutions—it’s the sum of all progress that will get us through."


El texto completo de Reiss en Wired.

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25 nov 2009

Lee Smolin: Ciencia y democracia

Colaboré con TED en la traducción y subtitulado de la charla "On Science and Democracy", de Lee Smolin.

Lee Smolin, físico teórico, es uno de los fundadores del Perimeter Institute for Theoretical Physics. En esta charla habla acerca de algunas relaciones entre las visiones científicas del cosmos y las realidades políticas que construimos y habitamos. El funcionamiento de la ciencia actúa como una suerte de modelo para la democracia. De acuerdo con Smolin, la nueva visión física y biológica del universo y de la vida que se está gestando en la actualidad producirá a su vez una nueva estructura política que sustituirá las jerarquías medievales y los absolutos modernos, newtonianos y lockeanos, por redes de relaciones descentralizadas y procesos de autoorganización. Los invito a escucharlo:




Palabras de Smolin en una entrevista:

"–¿Ser físico teórico le permite jugar a filosofar de vez en cuando?
–Eso es una de las cosas que más me gustan de mi profesión. Algunos aspectos que antes pertenecían a la filosofía hoy han pasado al campo de la física. Por ejemplo, el espacio y el tiempo. En el fondo, los científicos somos gente con suerte: podemos jugar a lo que queramos durante toda la vida.

–¿Y usted es de los que creen en el matrimonio entre ciencia y filosofía?
–No sé si seré demasiado optimista, pero creo que la filosofía natural está renaciendo con base en tres principios que pueden aplicarse a todas las cosas: la evolución, la complejidad y la autoorganización. Todavía hay muchos humanistas que se enredan en la herencia de Nietzsche y crean cosmovisiones agonizantes y pesimistas. Pero lo que podemos aprender de la nueva ciencia y de la nueva filosofía es que el mundo no se va a acabar pronto, que todo evoluciona a mejor, que el siglo XXI va a ser una época- extraordinaria."


Más info sobre Lee Smolin y sus teorías:


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6 nov 2009

Gregory Stock: Mejorarnos es humano

Revisé y edité la traducción al español de la charla "To upgrade is human", de Gregory Stock, en TED (traducida por Emma Gon).

El Dr. Stock, Ph.D. en biofísica, es también experto en ética de la biotecnología. Aquí habla un poco acerca de las nuevas tecnologías genéticas y de cómo cambiarán lo que significa ser humano. Un par de sus libros son controvertidos, pero esperanzadores:


Su visión del futuro humano es optimista y alentadora. Para él, es inevitable que los seres humanos nos modificaremos genéticamente, interviniendo deliberadamente en nuestra evolución. A su juicio, será para nuestro bien. Los invito a escucharlo (pueden elegir los subtítulos en español en la parte inferior del video):




Más info acerca de Gregory Stock y temas relacionados:

Página en UCLA
Perfil en Accelerating Future
Perfil en KurzweilAI
A reproductive revolution?
Francis Fukuyama vs Gregory Stock

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28 sept 2009

¿A cuánto el medio kilo de Coelho?

Ayer, en una librería, estuve ojeando libros al lado de una pareja que parecía querer elegir un libro con base en su grosor.

Él: “¿este te gusta?”

Ella, mirando apenas de reojo la portada: “Puede ser, algo como de ese grueso está bien.”

Ella sacaba libros rápidamente de los estantes, los sostenía un segundo en la mano y los devolvía al estante. Estaban en la sección de “literatura latinoamericana”, lo cual, en ciertas librerías, se reduce a Paulo Coelho, Isabel Allende, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar y con suerte alguna cosa de Bolaño y punto. Los compradores de marras parecían no reparar en que 200 páginas de Coelho no serían equivalentes a 200 páginas de Bolaño, pero perseveraban y sopesaban...

Los reencontré con varios volúmenes en la mano acercándose a la caja. Quedé detrás de ellos en la fila. Quise fisgonear cuáles obras habían elegido, pero me despisté un instante y no logré verlas más allá de toda duda. Me dio la impresión, por los colores y el diseño, que, como era de esperar, eran del supersuperventas brasileño. Imaginé, con una sonrisita privada, que seguramente habían preguntado cuál era el precio por kilo...

Por mi parte, elegí un par de textos de Amos Oz, premio Asturias y candidato al Nobel de este año, que ya coloqué ordenadamente en mi cola de lectura. Aparte de mis dos nuevas adquisiciones, Contra el fanatismo y Mi querido Mijael, voy por la mitad de El mismo mar y, aparte de algunos pormenores poco felices de estilo y alguna rigidez en el ritmo, aspectos que achaco a problemas de traducción, el texto me va gustando y el autor, a quien no había leído antes, empieza a interesarme. Veré.

Luego había que pasar al súper por huevos y tortillas y quesito y demás viandas para el desayuno. Éramos de los últimos, 9:03 p.m., y solo una caja quedaba abierta.

Empezamos a pasar las cosas del carrito a la banda transportadora y tras dos o tres artículos reparé en que el par de tipos que nos seguían en la fila no quitaban la vista de todo lo que llevábamos. Una a una, estudiaban fijamente nuestras compras, una lata de frijoles molidos, tres latitas de pulpo, una sandia, bananos, tomates, cebollas, leche, quesos, tortillas...

¿Qué diablos puede tener de llamativo ver con tanto interés las latas y las verduras de los otros compradores? Además, eran de esas personas pesaditas que se te pegan a la espalda y te empujan el carrito y empiezan a poner sus cosas en la banda antes de que uno haya terminado con las suyas. Confieso que esas maneras me ofuscan así que simplemente apuré el ritmo para que pudiéramos largarnos cuanto antes.

Caminando hacia el parqueo, me vino de repente esta pregunta: “¿No era yo uno de ellos antes, en la librería, viendo y pensando morbosa y sardónicamente en los libros-por-kilo que comprarían la pareja de tórtolos?” Tal vez ellos veían mis tomates pensando que eran tomates Coelho y los suyos tomates Bolaño. O mis latitas de pulpo marca nacional no tenían punto de comparación con sus bonitos del norte de cinco mil colones la lata. O quizá la preferencia mía y de mi esposa por el queso Turrialba les hacía relamerse al imaginar su emmenthaler importado con trozos de pan de centeno alemán... Teníamos a nuestro favor que sí podíamos pesar el queso, medio kilo, ¿pero no tenían ellos a su favor copiar en su mirada la misma mirada mía de la librería?

Pensé finalmente que quizá no tenía yo ningún derecho a juzgar medio kilo de Coelho como si fuese medio kilo de tomates mal escogidos, semipodridos o reventados....

No estoy seguro de la respuesta y por eso la sigo meditando.

¿En qué momento se hizo tan complicado salir a hacer un par de comprillas un domingo por la tarde?

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16 sept 2009

Federica y Miguel: los buenos

Federica nació como cualquiera, a las 3:45 de una madrugada helada de diciembre, en la vieja Maternidad Carit. Su madre la parió como cualquiera, con dolores y gemidos y coraje. Su padre, en cambio, pasó esa noche de juerga y reapareció al día siguiente engomado y alegrón y le dijo “quiubo” a su mujer y miró sin demasiado afán a Federica.

Su madre terminó criando sola a Federica porque su padre, de farra en farra llegó quién sabe adónde y un día ya no volvió más.

Federica fue a la escuela del barrio como cualquiera, e hizo la primera comunión y se graduó del colegio y fue a la universidad como casi cualquiera.

En la universidad, Federica estudió derecho y conoció a Miguel y se casaron.

A lo largo de toda su vida, Federica nunca le ha hecho mal a nadie, ni ha humillado ni le ha pegado a nadie; es cierto que una vez le robó una caja de lápices de colores a su amiga XYZ y que a veces se enoja y le grita barbaridades a los demás conductores y otras cosillas así, pero nada que merezca el fuego eterno. Y ha sido cariñosa con su pobre madre y ha sido leal a Miguel y aunque nunca aprendió a cocinar prepara la cena la mitad de las noches.

Federica tiene dos perritos y tampoco trata mal a sus perritos. Los adora y los cuida y goza que cada uno tenga su propia personalidad y le encanta que en las noches los acompañen a ella y a Miguel a ver la televisión.

Federica y Miguel tienen 7 años de casados y a pesar de haber emprendido su buena cuota de discusiones todavía están juntos y se quieren. No han tenido hijos pero piensan que ya llegará el momento.

Federica paga impuestos, es honrada y disciplinada en su trabajo y nunca ha robado ni un cinco, a pesar de que trabaja manejando dineros ajenos. Miguel igual. Incluso se quieren más porque comparten muchos principios.

Federica lee los periódicos y ve los telenoticieros y le da rabia la miseria de tantos compatriotas y el desamparo de los millones de hambrientos del mundo. Federica no consigue entender cómo es posible que unas personas exploten a otras tan campantemente. Tampoco consigue comprender qué llevan en el pecho ese desfile de pseudocaudillos corruptos que están desquiciando su país. Pero le encantaría meter a todos los explotadores y corrompidos a la cárcel y crear oportunidades para que las personas explotadas por ellos se superen.

Federica y Miguel creen fervientemente en la equidad y en la justicia social y en los derechos humanos y los defienden abiertamente. A diario se esfuerzan por tratar a todas las personas con respeto y decencia, aun si no piensan como ellos, y especialmente si no piensan como ellos.

Federica y Miguel leen, se educan, tratan de comprender a quienes son muy diferentes de ellos escuchando sus razones y sus molestias y sus anhelos. Ven en todos los seres humanos la misma dignidad, independientemente de sus rasgos étnicos, de su origen, de sus creencias espirituales, de sus vidas sexuales. Creen que independientemente de la forma que tengan las relaciones entre las personas, lo más importante es el amor y el respeto y la solidaridad que se manifiesten unas a otras.

Federica y Miguel discuten los temas de actualidad y opinan y tratan de decidir inteligentemente lo que les parezca mejor, al mismo tiempo, para ellos y para su sociedad. Federica y Miguel son, en el sentido más común de estas palabras: buenas personas. Sus familiares y amigos confirman que todas estas cualidades son ciertas.

Pues hace un par de años Federica decidió participar directamente en política. Se inscribió en el partido más afín a sus pensamientos y ha trabajado desde entonces en proyectos comunitarios y ha participado en reuniones y ha opinado en la prensa y ha hecho propuestas y ha ayudado a muchas personas. Ahora es candidata a diputada.

Miguel lo celebra y la anima y sabe que ella hará lo mejor que pueda... O que lo haría, si es que algún día llegara a la Asamblea, ¡o a la Presidencia de la República! Pero Miguel sabe, porque es más realista que Federica, que eso no sucederá jamás. Y para comprobar que no está loco sale a la calle y pregunta: “Señor, ¿votaría usted por Federica?” “No.” “¿Señora, votaría usted por Federica?” “No.”

Los diarios y la televisión han empezado a hablar muy mal de Federica. Sus oponentes tergiversan todas sus opiniones o las exageran o inventan algunas por ella. Su madre le dice que mienta, “mienta mamita, si a quién le va a importar, nadie va a saber y todos lo hacen”. Federica no va a mentir.

A Miguel le cuesta aceptarlo, pero es así: ese detallito insignificante que en nada afecta ni a su profesión ni a su vocación ni a su moral, impedirá que Federica pueda colaborar políticamente en su país. Federica es atea.

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13 sept 2009

Y sin embargo evoluciona

En el Festival de cine de Toronto acaban de presentar la película Creation, de Jon Amiel, acerca de las vicisitudes personales (psicológicas, familiares, etc) que enfrentó Charles Darwin mientras desarrollaba su gran teoría de la evolución por selección natural. La principal, quizá, fue la muerte de su primera hija, a los 10 años.

Es de sobra sabido que él se guardó sus ideas y descubrimientos durante muchos años, pues imaginaba la polémica que provocarían y, además, mientras pulía sus argumentos y añadía evidencias (paleontológicas, biológicas, etc) y anticipaba todas las posibles críticas y sus posibles respuestas aclaratorias. Él mismo quería estar absolutamente seguro de la solidez, coherencia y fundamentación de sus tesis.

Por otro lado, su esposa, Emma, era profundamente religiosa y se le haría difícil comprender que, de acuerdo con las ideas de su marido, la belleza del universo, la grandiosidad de la naturaleza y la vida, pudieran ser explicadas sin recurrir a una divinidad. Pero justo eso demostraba por primera vez la teoría darwiniana de la evolución por selección natural. Esta es la gran idea, “la idea peligrosa de Darwin”, como dice uno de sus principales defensores en la actualidad, el brillante Daniel Dennett. De modo que sus dudas y conflictos también fueron amorosos, él amaba y respetaba a Emma y sabía que sería duro para ella cuando su libro viera la luz pública. La película Creation se ocupa de estos aspectos biográficos de la vida de Darwin.

Lo que me impresiona, hoy, es que a pesar de que la película ha sido alabado por la crítica y tiene prevista su distribución en todo el mundo, y de que parece, en primera instancia, fiel a la vida y las ideas de Darwin, todavía en EE.UU. los productores no han conseguido cerrar un trato para su distribución, pues es considerada demasiado polémica para la masiva y poderosa comunidad religiosa estadounidense...

“Christian film review website Movieguide.org described Darwin as 'a racist, a bigot and a 1800s naturalist whose legacy is mass murder.'” (Artículo en Daily Mail)

Es simplemente increíble: 150 años después de la publicación de El origen de las especies, todavía en Estados Unidos quieren simplemente negar su solidez y su carácter científico. La teoría, en esos 150 años, ha recibido todo tipo de críticas e intentos de falsación, y de cada combate ha salido mejor parada, con más pruebas y mejores y más detalladas explicaciones. Muchos autores consideran que prácticamente no hay ninguna otra teoría científica que tenga tantas pruebas a su favor. Negarse a ver en ella una verdad de la naturaleza (aún si concedemos que de todos sus pormenores y complejísimos detalles y consecuencias aún se no escapa una buena parte, pero no el núcleo de su funcionamiento) por una “necesidad” religiosa, es más bien necedad y fanatismo.

Parece que no solo en Costa Rica seguimos bajo el yugo de poderes inerciales del pasado y, casi, la antigüedad. No sé si en EE.UU. sea peor, pues los niveles y la virulencia de sus fanáticos son ciertamente de temer por su capacidad de influencia.

Negar, hoy en día, la evolución por selección natural, equivale a haber negado, 150 años después de Galileo (o peor: aún hoy), que la Tierra se mueve alrededor del sol y no a la inversa.

Hoy nadie niega los descubrimientos astronómicos de la modernidad que les debemos a Copérnico y Galileo; pero en su momento sus ideas fueron tan “peligrosas” para las anquilosadas instituciones religiosas como lo son hoy (en EE.UU., por lo menos) las ideas darwinianas. El mismo Papa Juan Pablo II emitió, cientos de años después, una disculpa pública para Galileo por el juzgamiento y la condena que de él hizo la Santa Inquisición. ¿Cuánto más habrá que esperar para que el sentimiento religioso desmedido y contracientífico siga imponiéndose sobre nosotros, manipulando los hechos y la opinión pública?

Por último, es absolutamente ridículo acusar a Darwin de genocida (“mass murderer”) o cosas semejantes, como hicieron los “críticos” de cine cristianos en el citado artículo. Todos los que hemos leído a Darwin y alguna de sus biografías sabemos que fue un ser humano, en el mejor sentido de la palabra, bueno, respetuoso y con un carácter moral admirable. Suyas son las siguientes palabras:

"As man advances in civilization, and small tribes are united into larger communities, the simplest reason would tell each individual that he ought to extend his social instincts and sympathies to all members of the same nation, though personally unknown to him. This point being once reached, there is only an artificial barrier to prevent his sympathies extending to the men of all nations and races." (el énfasis es mío)

Con Darwin, lo que nos separa de una sociedad global justa y equitativa no es una condena natural sino artificial, es decir, de nuestra propia creación. Nada en la teoría de la evolución por selección natural jusifica posiciones racistas o excluyentes de ningún tipo. Solo en las versiones erróneamente simplificadas, de mala fe o demonizadas sin conocimiento, es eso posible.

Y sin embargo se mueve, murmuró Galileo, entre dientes, ante sus inquisidores.

Darwin agregaría: y también evoluciona.


Para ampliar el tema, algunos textos recomendados:

Is religion a threat to rationality and science?

La nueva ilustración evolucionista

Darwin's Complex Loss of Faith

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10 sept 2009

¿Es democrático discriminar a las personas ateas?

Del artículo de doña Laura Chinchilla, “Reforma condicionada del artículo 75” (en La Nación, 07/09/09), me gusta la propuesta de diálogo y tolerancia que expresa hacia credos diferentes del católico. Sin embargo, esto, aunque importante, no representa el meollo del proyecto por un estado laico. Es cierto que una de las preguntas fundamentales es si debemos seguir privilegiando, constitucionalmente, una religión entre otras; pero aquí me interesa más otro aspecto.

Dice doña Laura que el proyecto de reforma “no debe abordarse como un intento de eliminar a Dios, la religión o la fe de la Constitución y de la sociedad costarricense”. Me parece una imprecisión poner en un mismo paquete la “Constitución” y la “sociedad”, pues eliminar algo de alguna de ellas no implica necesariamente que se eliminará de la otra. En la Constitución, hasta dónde sé, no se habla de extraterrestres y, sin embargo, hay muchas personas que creen que existen. Quitar la mención de “Dios” del artículo 194 no atenta en nada contra la fe de las personas, ni contra la práctica de una religión, cualquiera que sea; las personas podrían seguir teniendo sus creencias tranquilamente y las religiones organizándose y participando en la sociedad. La reforma más bien va en beneficio de las religiones distintas de la católica y de las personas que las profesan. Pero, ¿y las personas ateas?

En efecto, ¿qué pasa con los ciudadanos que no profesan religión alguna? ¿Es que en sí mismo esto es un crimen, o una actitud inmoral? ¿No tiene una persona derecho a no creer en ningún dios y, a pesar de eso, ser una ciudadana en igualdad de condiciones políticas con todas las demás?

La mención de “Dios” en el juramento constitucional sí discrimina contra ateos, agnósticos y, si fuésemos aún más estrictos, también contra politeístas, si es que todavía quedasen algunos.

Incluso el Presidente Arias, como sin querer, lo confirma: “Lo que no estoy de acuerdo es en quitar a Dios de la Constitución. Eso sí no, porque Dios es Dios para todo el mundo, para el cristianismo, para el islamismo, para todo el mundo hay un Dios excepto para los ateos.” [Mi énfasis]

Algo similar expresa el subtítulo del artículo de Chinchilla: “La mención a Dios no atenta contra la libertad de culto ni discrimina entre credos religiosos”. Quizá no, pero sí discrimina contra las personas ateas, quienes, así, estarían siendo excluidas de la posibilidad de hacer un juramento constitucional de manera coherente con sus creencias. Es decir, se les excluiría de participar en la democracia mediante la aspiración a cargos públicos.

Chinchilla dice que, como creyente que es, es su “derecho invocar lo que considero más sagrado cuando asuma la responsabilidad...” Se refiere a la posibilidad de ser elegida Presidenta de Costa Rica. De lo que se sigue que cualquier otra persona que llegase a ocupar un cargo público debiera tener el mismo derecho, es decir, invocar lo que esa persona considerase “más sagrado”? ¿Pero qué pasaría si esa persona, aparte de una excelente ciudadana y, posiblemente, una brillante diputada o presidenta, fuese atea o agnóstica? Cuando fuera a hacer su juramento, ¿no tendría derecho a no jurar con base en algo en lo que no cree? ¿Hacerlo no sería, aparte de una hipocresía, también obligarla a actuar inmoralmente, por ir en contra de sus propias creencias?

Para una persona afín al laicismo, quizá eso “más sagrado” serían sencillamente sus “propias convicciones”, o prometerle “a la Patria observar y defender la Constitución y las leyes de la República”, tal como se propone en el texto de la reforma.

Lo que se plantea es nada más que las creencias religiosas de cada quien queden fuera del ámbito público, estatal –no fuera de su vida, de la sociedad, etc.– y que, en tal ámbito, los juramentos, la rendición de cuentas, la responsabilidad, se consideren a la luz del deber asumido al formar parte de una república, es decir, al vivir bajo una Constitución y sus leyes; y, por otro lado, a la luz de los derechos humanos.

Doña Laura escribe: “El juramento constitucional constituye un acto de máxima responsabilidad que se refuerza mediante la supremacía moral que supone la mención a Dios.”

En efecto, es un acto de máxima responsabilidad, y por eso las personas en cargos públicos son y deben ser juzgadas por el pueblo. Pero quizá el “refuerzo” por la mención de “Dios” solo se dé en ciertas personas muy creyentes. De nuevo, para una persona atea el recurso a la divinidad no añadiría nada a su sentido de responsabilidad, que, por sí mismo, puede ser tan o más elevado que el de una persona creyente.

Por otra parte, la manera en que lo expresa doña Laura, “supremacía moral que supone la mención a Dios”, es ya, en sí misma, un prejuicio: supone a su vez que para toda persona posible esa mención de “Dios” entraña, de hecho, una “supremacía moral”, o peor: que debiera hacerlo (y vale señalar que ese aparentemente inocuo “deber”, si creyésemos en él, nos devolvería inmediatamente a épocas medievales). Pero el caso es que para muchas personas esa mención hace referencia más bien a prácticas históricas de crueldad, xenofobia, abuso infantil, nacionalismo, tortura, persecución, represión de la libertad de expresión, etc., etc., cometidas por diferentes iglesias y pastores a lo largo de los siglos y todavía hoy, claro está, y acerca de las cuales existe abundantísima documentación (para cualquiera que quiera buscarla y estudiarla).

Ahora bien, otra opción, que sí cabría considerar y discutir, es la que propone en La Nación de hoy don Julio Kierszenson: usar como juramento constitucional el que se utiliza en los procesos judiciales (o una versión semejante):

“Jura por Dios o por lo más sagrado de sus creencias...”

Al menos, en este caso, la disyunción “o” les dejaría una opción a los ateos. El juramento actual, en cambio, unifica, mediante la conjunción “y”, la apelación a Dios y la Patria:

“–¿Juráis a Dios y prometéis a la Patria, observar y defender la Constitución y las leyes de la República, y cumplir fielmente los deberes de vuestro destino?
–Sí, juro.
–Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, Él y la Patria os lo demanden.” (Art. 194)

En suma, en las personas ateas no jurar en nombre de Dios no demeritaría en nada su visión y su práctica de la responsabilidad civil, ni su moral personal. De hecho, que la moralidad no necesite del recurso a un dios ni a una religión es, a mi juicio, parte fundamental del contenido mismo del laicismo como visión humanista de la democracia, la sociedad y la justicia.

Por supuesto (esto es evidente, pero es mejor decirlo para evitar confusiones), laicismo y ateísmo no son equivalentes, ni siquiera mutuamente necesarios; pero las personas laicas sí tienen en común con las ateas que tampoco para las primeras se demeritaría su sentido de responsabilidad civil por el hecho de no jurar en nombre de Dios, es más, posiblemente se reforzaría, pues sabrían que así su responsabilidad incluiría a todos los ciudadanos de un país: tanto a los creyentes, de cualquier religión, como a los no creyentes.

Una última nota aclaratoria: algunos creyentes podrían entonces pensar que no mencionar a Dios sería una discriminación contra ellos. No es así: ellos tendrían la opción de jurar en silencio, para sí mismos, ante el dios que mejor represente sus creencias. En cambio, en el caso que nos ocupa, la diferencia radica en que un ateo tendría que jurar públicamente en nombre de algo en lo que no cree (estaría obligado a hacerlo). Lo mejor, pues, en ambos casos, sería dejar todo el asunto de las creencias, o falta de ellas, fuera del ámbito público, que es precisamente lo que se busca con esta reforma.

¿Por qué, entonces, seguir oponiéndose a que “Dios” deje de estar presente en la Constitución? No habría otra razón más que el intento por conservar un privilegio histórico, tradicional y exclusivo de una parte de la ciudadanía. Pero, ¿es que todavía podríamos llamarle a eso, “razón”?




+ otros sitios de interés:

Laicismo.net / Chile
Laicismo.org / España
Red Iberoamericana por las libertades laicas

la inmortalidad es posible

He aquí el primer bichejo inmortal de la naturaleza:


+ en ABC
+ en Wikipedia

9 sept 2009

"no deberás dejar ningún sobreviviente"

Medianoche. Tengo algo de insomnio o una extraña inquietud... Dado el clima religioso que se ha apoderado de CR en estos días, se me ha ocurrido repasar un poco la Biblia...

El Deuteronomio, por ejemplo, que es toda una historia y un arte de la guerra...

Recordé algunos pasajes de este libro a raíz de las declaraciones de hoy del Obispo Ulloa, recogidas en La Nación: “cuando un estado se vuelve ateo es capaz de cometer las peores injusticias y las más bajas aberraciones...”

Habría que recordarle al prelado que no hace falta que un estado sea ateo para hacer esas cosas horribles... Además, ¿cómo podría un Estado ser ateo? Parte esencial del proyecto para hacer de Costa Rica un estado laico es precisamente la idea de que un Estado, que no es una persona, no puede tener creencias y, así como no puede ser católico ni calvinista ni islámico ni nada semejante, tampoco puede ser ateo.

En fin, que apenas hojeando algunos capítulos del Deuteronomio encuentro pasajes como estos:

“Efectivamente, el Señor, nuestro Dios, puso también en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su ejército, y lo derrotamos hasta tal punto que no le quedó ni un solo sobreviviente.

Aquella vez nos apoderamos de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino de Og, en Basán.

Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas, puertas y cerrojos, sin contar las ciudades de los perizitas, que también eran muy numerosas.

Y las consagramos al exterminio, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.

Pero nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades.” (Deut. 3: 3-7)

O este:

“Entonces hice esta advertencia a Josué [habla Moisés]: ‘Tú has visto con tus propios ojos todo lo que hizo el Señor, nuestro Dios, con estos dos reyes. De la misma manera tratará el Señor a todos los reinos por donde vas a pasar’.” (Deut. 3: 21)

O este otro:

“Pero en las ciudades de esos pueblos que el Señor, tu Dios, te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente.

Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te lo ordena el Señor, tu Dios, para que ellos no les enseñen a imitar todas las abominaciones que cometen en honor de sus dioses. Así ustedes no pecarán contra el Señor, su Dios.” (Deut. 20: 16-18)

O finalmente:

“Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y el Señor, tu Dios, los ponga en tus manos, si tomas algunos prisioneros y entre ellos ves una mujer hermosa que te resulta atrayente, y por eso la quieres tomar por esposa, deberás llevarla a tu casa. Entonces ella se rapará la cabeza, se cortará las uñas, se quitará su ropa de cautiva y permanecerá en tu casa durante un mes entero, llorando a su padre y a su madre. Sólo después de esto podrás unirte a ella para ser su esposo, y ella será tu mujer.” (Deut. 21: 10-13)

Etc... etc...

Y sí, ya sé que son pasajes del Antiguo Testamento, donde enigmáticamente Dios –que, claro y a pesar de todo, debe ser el mismo Dios del Nuevo Testamento– pasa por una etapa vengativa y rabiosa y nacionalista; y ya sé que narra la época de historia nacional del pueblo israelita, en camino a la tierra prometida tras haber estado esclavizados y que con razón están algo molestos; y ya sé que estoy sacando las citas fuera de contexto; y también sé que el problema del mal es el meollo mismo de la religión y que, cuando no se puede explicar, y nunca se puede explicar religiosamente, se recurre al misterio trascendentalísimo de la divinidad y a la pequeñez de nuestra mente, incapaz de comprender Sus designios, etc... etc...

Y bueno... Tal vez que debiera dejar la saña y ser más serio y “objetivo”. Es cierto.

Pero la objetividad es un trabajo para las mañanas, uno que prefiero hacer bajo el sol; ahora es medianoche y no consigo dormir y me siento con cierto derecho a molestarme: que el Estado costarricense sea oficialmente católico me excluye a mí, que no profeso ninguna religión, y a miles de otros ciudadanos que sí profesan una religión, pero no la católica.

Quisiera creer que el tiempo de las exclusiones sin fundamento es cosa del pasado... Pero solo ha de ser otro delirio de madrugada, como el que me llevó a elegir el Deuteronomio como lectura para el insomnio y no, digamos, el Cantar de los Cantares...

En fin, veré si aquellas imágenes bíblicas de exterminio y destrucción y xenofobia, con Dios a la cabeza, me dejan dormir plácidamente.

(P.d. Totalmente de acuerdo con este texto del Fusil.)

5 sept 2009

Dedo gigante en Marte

¿Quién habrá tocado Marte con un dedo gigante? La foto de la colosal "huella digital" es una de muchas que la NASA ha publicado recientemente:

4 sept 2009

La laicidad explicada a los niños (de F. Savater)

En el contexto de la discusión actual en Costa Rica acerca de las reformas planteadas a la Constitución Política para convertir al país en un estado laico, reproduzco abajo un artículo del filósofo español Fernando Savater, publicado originalmente en El País el 05/11/2005.

Cae de perlas cuando solo 1 de los precandidatos a la Presidencia (Otto Guevara) ha apoyado abierta y totalmente la propuesta del Movimiento por un Estado Laico. Ottón Solís, en cambio, dijo: "Más bien hay que meter más Dios, más Biblia".

A mí se me para el pelo cuando un político, que además quiere ser presidente, dice cosas como esa: ¿más "Dios" en los asuntos políticos?

Antes del texto de Savater, anoto algunos datos improvisadamente: El franquismo, en España, también se llamaba "nacionalcatolicismo". El señor G.W. Bush mencionaba y usaba a Dios cada vez que podía para justificar su guerrerismo y sus absurdos (con graves consecuencias). En Belfast, por ejemplo, la religión politizada causó muerte y destrucción durante años. En la antigua Yugoslavia, las religiones y los diferentes "etnonacionalismos" siempre fueron excusa para el asesinato y la crueldad. En Ruanda, curas católicos apoyados por la iglesia belga fueron cómplices en el genocidio reciente. (Obsérvese que no he citado casos orientales).

Los ejemplos podrían multiplicarse extensamente... Por todos ellos, uno de los grandes logros de la modernidad fue desvincular las monarquías absolutas y sus justificaciones "divinas" del ámbito político. Los fundadores de EE.UU., por citar un caso notorio, consiguieron, hace más de 200 años, redactar una constitución que no menciona a Dios y que únicamente menciona la religión para asegurarse que el Congreso no legislará al respecto, aunque conserva la libertad de culto: "Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof..." (Enmienda 1)...

A mi juicio, en lugar de lecciones de religión en las escuelas y colegios, y en lugar de cualquier referencia religiosa en materias de Estado o política, se deberían ofrecer clases y ejemplos de ciudadanía: educar a los jóvenes para la tolerancia, la hospitalidad, la solidaridad y otros valores semejantes. Ser miembro de un país es ser ciudadano, no ser católico o protestante o budista o lo que sea. La ciudadanía tendría que ver más con derechos humanos y multiculturalismo que con dogmas o tradiciones clericales específicas. Algo de esto ha intentado don Leonardo Garnier, nuestro actual Ministro de Educación, por lo cual merece un reconocimiento del que mucha gente no es consciente. Pero, por supuesto, una sola persona en un gobierno difícilmente podrá hacer mover el pesado barco en el que vamos...

Dejo las palabras Savater, su contexto es el español, pero aplican muy bien para nosotros:


"

En 1791, como respuesta a la proclamación por la Convención francesa de los Derechos del Hombre, el Papa Pío VI hizo pública su encíclica Quod aliquantum en la que afirmaba que "no puede imaginarse tontería mayor que tener a todos los hombres por iguales y libres". En 1832, Gregorio XVI reafirmaba esta condena sentenciando en su encíclica Mirari vos que la reivindicación de tal cosa como la "libertad de conciencia" era un error "venenosísimo". En 1864 apareció el Syllabus en el que Pío IX condenaba los principales errores de la modernidad democrática, entre ellos muy especialmente -dale que te pego- la libertad de conciencia. Deseoso de no quedarse atrás en celo inquisitorial, León XIII estableció en su encíclica Libertas de 1888 los males del liberalismo y el socialismo, epígonos indeseables de la nefasta ilustración, señalando que "no es absolutamente lícito invocar, defender, conceder una híbrida libertad de pensamiento, de prensa, de palabra, de enseñanza o de culto, como si fuesen otros tantos derechos que la naturaleza ha concedido al hombre. De hecho, si verdaderamente la naturaleza los hubiera otorgado, sería lícito recusar el dominio de Dios y la libertad humana no podría ser limitada por ley alguna". Y a Pío X le correspondió fulminar la ley francesa de separación entre Iglesia y Estado con su encíclica Vehementer, de 1906, donde puede leerse: "Que sea necesario separar la razón del Estado de la de la Iglesia es una opinión seguramente falsa y más peligrosa que nunca. Porque limita la acción del Estado a la sola felicidad terrena, la cual se coloca como meta principal de la sociedad civil y descuida abiertamente, como cosa extraña al Estado, la meta última de los ciudadanos, que es la beatitud eterna preestablecida para los hombres más allá de los fines de esta breve vida". Hubo que esperar al Concilio Vaticano II y al decreto Dignitatis humanae personae, querido por Pablo VI, para que finalmente se reconociera la libertad de conciencia como una dimensión de la persona contra la cual no valen ni la razón de Estado ni la razón de la Iglesia. "¡Es una auténtica revolución!", exclamó el entonces cardenal Wojtyla.

¿Qué es la laicidad? Es el reconocimiento de la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso, la separación entre la esfera terrenal de aprendizajes, normas y garantías que todos debemos compartir y el ámbito íntimo (aunque públicamente exteriorizable a título particular) de las creencias de cada cual. La liberación es mutua, porque la política se sacude la tentación teocrática pero también las iglesias y los fieles dejan de estar manipulados por gobernantes que tratan de ponerlos a su servicio, cosa que desde Napoleón y su Concordato con la Santa Sede no ha dejado puntualmente de ocurrir, así como cesan de temer persecuciones contra su culto, tristemente conocidas en muchos países totalitarios. Por eso no tienen fundamento los temores de cierto prelado español que hace poco alertaba ante la amenaza en nuestro país de un "Estado ateo". Que pueda darse en algún sitio un Estado ateo sería tan raro como que apareciese un Estado geómetra o melancólico: pero si lo que teme monseñor es que aparezcan gobernantes que se inmiscuyan en cuestiones estrictamente religiosas para prohibirlas u hostigar a los creyentes, hará bien en apoyar con entusiasmo la laicidad de nuestras instituciones, que excluye precisamente tales comportamientos no menos que la sumisión de las leyes a los dictados de la Conferencia Episcopal. No sería el primer creyente y practicante religioso partidario del laicismo, pues abundan hoy como también los hubo ayer: recordemos por ejemplo a Ferdinand Buisson, colaborador de Jules Ferry y promotor de la escuela laica (obtuvo el premio Nobel de la paz en 1927), que fue un ferviente protestante.

En España, algunos tienen inquina al término "laicidad" (o aún peor, "laicismo") y sostienen que nuestro país es constitucionamente "aconfesional" -eso puede pasar- pero no laico. Como ocurre con otras disputas semánticas (la que ahora rodea al término "nación", por ejemplo) lo importante es lo que cada cual espera obtener mediante un nombre u otro. Según lo interpretan algunos, un Estado no confesional es un Estado que no tiene una única devoción religiosa sino que tiene muchas, todas las que le pidan. Es multiconfesional, partidario de una especie de teocracia politeista que apoya y favorece las creencias estadísticamente más representadas entre su población o más combativas en la calle. De modo que sostendrá en la escuela pública todo tipo de catecismos y santificará institucionalmente las fiestas de iglesias surtidas. Es una interpretación que resulta por lo menos abusiva, sobre todo en lo que respecta a la enseñanza. Como ha avisado Claudio Magris (en "Laicità e religione", incluido en el volumen colectivo Le ragioni dei laici, ed. Laterza), "en nombre del deseo de los padres de hacer estudiar a sus hijos en la escuela que se reclame de sus principios -religiosos, políticos y morales- surgirán escuelas inspiradas por variadas charlatanerías ocultistas que cada vez se difunden más, por sectas caprichosas e ideologías de cualquier tipo. Habrá quizá padres racistas, nazis o estalinistas que pretenderán educar a sus hijos -a nuestras expensas- en el culto de su Moloch o que pedirán que no se sienten junto a extranjeros...". Debe recordarse que la enseñanza no es sólo un asunto que incumba al alumno y su familia, sino que tiene efectos públicos por muy privado que sea el centro en que se imparta. Una cosa es la instrucción religiosa o ideológica que cada cual pueda dar a sus vástagos siempre que no vaya contra leyes y principios constitucionales, otra el contenido del temario escolar que el Estado debe garantizar con su presupuesto que se enseñe a todos los niños y adolescentes. Si en otros campos, como el mencionado de las festividades, hay que manejarse flexiblemente entre lo tradicional, lo cultural y lo legalmente instituido, en el terreno escolar hay que ser preciso estableciendo las demarcaciones y distinguiendo entre los centros escolares (que pueden ser públicos, concertados o privados) y la enseñanza misma ofrecida en cualquiera de ellos, cuyo contenido de interés público debe estar siempre asegurado y garantizado para todos. En esto consiste precisamente la laicidad y no en otra cosa más oscura o temible.

Algunos partidarios a ultranza de la religión como asignatura en la escuela han iniciado una cruzada contra la enseñanza de una moral cívica o formación ciudadana. Al oírles parece que los valores de los padres, cualesquiera que sean, han de resultar sagrados mientras que los de la sociedad democrática no pueden explicarse sin incurrir en una manipulación de las mentes poco menos que totalitaria. Por supuesto, la objeción de que educar para la ciudadanía lleva a un adoctrinamiento neofranquista es tan profunda y digna de estudio como la de quienes aseguran que la educación sexual desemboca en la corrupción de menores. Como además ambas críticas suelen venir de las mismas personas, podemos comprenderlas mejor. En cualquier caso, la actitud laica rechaza cualquier planteamiento incontrovertible de valores políticos o sociales: el ilustrado Condorcet llegó a decir que ni siquiera los derechos humanos pueden enseñarse como si estuviesen escritos en unas tablas descendidas de los cielos. Pero es importante que en la escuela pública no falte la elucidación seguida de debate sobre las normas y objetivos fundamentales que persigue nuestra convivencia democrática, precisamente porque se basan en legitimaciones racionales y deben someterse a consideraciones históricas. Los valores no dejan de serlo y de exigir respeto aunque no aspiren a un carácter absoluto ni se refuercen con castigos o premios sobrenaturales... Y es indispensable hacerlo comprender.

Sin embargo, el laicismo va más allá de proponer una cierta solución a la cuestión de las relaciones entre la Iglesia (o las iglesias) y el Estado. Es una determinada forma de entender la política democrática y también una doctrina de la libertad civil. Consiste en afirmar la condición igual de todos los miembros de la sociedad, definidos exclusivamente por su capacidad similar de participar en la formación y expresión de la voluntad general y cuyas características no políticas (religiosas, étnicas, sexuales, genealógicas, etc...) no deben ser en principio tomadas en consideración por el Estado. De modo que, en puridad, el laicismo va unido a una visión republicana del gobierno: puede haber repúblicas teocráticas, como la iraní, pero no hay monarquías realmente laicas (aunque no todas conviertan al monarca en cabeza de la iglesia nacional, como la inglesa). Y por supuesto la perspectiva laica choca con la concepción nacionalista, porque desde su punto de vista no hay nación de naciones ni Estado de pueblos sino nación de ciudadanos, iguales en derechos y obligaciones fundamentales más allá de cuál sea su lugar de nacimiento o residencia. La justificada oposición a las pretensiones de los nacionalistas que aspiran a disgregar el país o, más frecuentemente, a ocupar dentro de él una posición de privilegio asimétrico se basa -desde el punto de vista laico- no en la amenaza que suponen para la unidad de España como entidad trascendental, sino en que implican la ruptura de la unidad y homogeneidad legal del Estado de Derecho. No es lo mismo ser culturalmente distintos que políticamente desiguales. Pues bien, quizá entre nosotros llevar el laicismo a sus últimas consecuencias tan siquiera teóricas sea asunto difícil: pero no deja de ser chocante que mientras los laicos "monárquicos" aceptan serlo por prudencia conservadora, los nacionalistas que se dicen laicos paradójica (y desde luego injustificadamente) creen representar un ímpetu progresista...

En todo caso, la época no parece favorable a la laicidad. Las novelas de más éxito tratan de evangelios apócrifos, profecías milenaristas, sábanas y sepulcros milagrosos, templarios -¡muchos templarios!- y batallas de ángeles contra demonios. Vaya por Dios, con perdón: qué lata. En cuanto a la (mal) llamada alianza de civilizaciones, en cuanto se reúnen los expertos para planearla resulta que la mayoría son curas de uno u otro modelo. Francamente, si no son los clérigos lo que más me interesa de mi cultura, no alcanzo a ver por qué van a ser lo que me resulte más apasionante de las demás. A no ser, claro, que también seamos "asimétricos" en esta cuestión... Hace un par de años, coincidí en un debate en París con el ex secretario de la ONU Butros Gali. Sostuvo ante mi asombro la gran importancia de la astrología en el Egipto actual, que los europeos no valoramos suficientemente. Respetuosamente, señalé que la astrología es tan pintoresca como falsa en todas partes, igual en El Cairo que en Estocolmo o Caracas. Butros Gali me informó de que precisamente esa opinión constituye un prejuicio eurocéntrico. No pude por menos de compadecer a los africanos que dependen de la astrología mientras otros continentes apuestan por la nanotecnología o la biogenética. Quizá el primer mandamiento de la laicidad consista en romper la idolatría culturalista y fomentar el espíritu crítico respecto a las tradiciones propias y ajenas. Podría formularse con aquellas palabras de Santayana: "No hay tiranía peor que la de una conciencia retrógrada o fanática que oprime a un mundo que no entiende en nombre de otro mundo que es inexistente".

"

Fuente original: Fernando Savater, El País, 05/11/2005.


29 ago 2009

nueva revolución en la novela

Según Lev Grossman, crítico de la revista Time, estamos experimentando una nueva revolución en la novela. La novela verdaderamente "posmoderna" ya está aquí, aun si no nos hemos dado cuenta. En su caso, "posmoderno" se refiere a posterior al modernismo específicamente literario: ese estilo que durante buena parte del Siglo XX nos ha acostumbrado a creer que las características de las buenas novelas son: lenguaje obscuro o difícil, trama ausente o compleja, tipografías no tradicionales, estilos experimentales, historias sin principio ni final, poco entretenidas o, incluso, para el común de mortales, aburridas.

Hoy día, dice Grossman, la trama y la acción vuelven a ser fundamentales, además del humor y el suspenso; los lectores quieren entretenerse, y eso ya no equivale a "literatura light" sino a literatura como placer (y de placer).

El texto, sugerente en general, incluye algunos puntos debatibles, por ejemplo este: si lo que dice Grossman es válido para el mundo literario anglosajón, ¿lo es también para el hispanoamericano? O este: si los críticos han estado demasiado acostumbrados a dividir entre literatura seria y simple ficción (literature/fiction, en inglés), ¿cuál será hoy o mañana la línea de demarcación entre la buena y la mala escritura? Más aún, ¿quién la decide? ¿Los críticos, los autores, los lectores? Algunos problemas tan viejos como la literatura misma...

"The novel is finally waking up from its 100-year carbonite nap. Old hierarchies of taste are collapsing. Genres are hybridizing. The balance of power is swinging from the writer back to the reader, and compromises with the public taste are being struck all over the place. Lyricism is on the wane, and suspense and humor and pacing are shedding their stigmas and taking their place as the core literary technologies of the 21st century.

From a hieratic, hermetic art object the novel is blooming into something more casual and open: a literature of pleasure. The critics will have to catch up. This new breed of novel resists interpretation, but not the way the Modernists did. These books require a different set of tools, and a basic belief that plot and literary intelligence aren't mutually exclusive."

Texto completo en WSJ.

27 ago 2009

Mitos de la energía limpia

Dos artículos excelentes en Foreign Policy acerca de diversos mitos relacionados con las energías alternativas:

I. Seven Myths About Alternative Energy
(Michael Grunwald)

Cada día más personas consideran las alternativas al petróleo como balsas infalibes para la salvación del mundo. Pero las cosas no son tan sencillas como generalmente parecen; este artículo revela algunas de las complejidades del tema.

Los 7 mitos:

1. Debemos hacer todo lo posible por promover la energía alternativa.
"Hydrogen cars, cold fusion, and other speculative technologies might sound cool, but they could divert valuable resources from ideas that are already achievable and cost-effective."

2. Los combustibles renovables son la cura de nuestra adicción al petróleo.
"...so far in the real world, the cures -- mostly ethanol derived from corn in the United States or biodiesel derived from palm oil, soybeans, and rapeseed in Europe -- have been significantly worse than the disease."

3. Si los biocombustibles actuales no son los adecuados, los del futuro lo serán.
"...recent studies suggest that any biofuels requiring good agricultural land would still be worse than gasoline for global warming. Less of a disaster than corn ethanol is still a disaster."
(...)
In the medium term, the world needs plug-in electric cars, the only plausible answer to humanity's oil addiction that isn't decades away. But electricity is already the source of even more emissions than oil. So we'll need an answer to humanity's coal addiction, too."


4. La energía nuclear es la cura de nuestra adicción al carbón. "...nuclear power cannot fix the climate crisis. The first reason is timing: The West needs major cuts in emissions within a decade, and the first new U.S. reactor is only scheduled for 2017 (...) The bigger problem is cost."

5. No hay una varita mágica para resolver la crisis energética.
"...one renewable energy resource is the cleanest, cheapest, and most abundant of them all. It doesn't induce deforestation or require elaborate security. It doesn't depend on the weather. And it won't take years to build or bring to market; it's already universally available. It's called "efficiency"."

6. Para salvar al mundo necesitamos una revolución tecnológica.
"...we already have all the technology we need to start reducing emissions by reducing consumption. Even if we only hold electricity demand flat, we can subtract a coal-fired megawatt every time we add a wind-powered megawatt.
(...)
If somebody comes up with a better idea by 2020, great! For now, we should focus on the solutions that get the best emissions bang for the buck."


7. Deberemos cambiar nuestro comportamiento para salvar el mundo.
"It wouldn't kill you to turn down the heat and put on a sweater. Efficiency is a miracle drug, but conservation is even better; a Prius saves gas, but a Prius sitting in the driveway while you ride your bike uses no gas.
(...)
After all, the developing world is entitled to develop. Its people are understandably eager to eat more meat, drive more cars, and live in nicer houses. It doesn't seem fair for the developed world to say: Do as we say, not as we did. But if the developing world follows the developed world's wasteful path to prosperity, the Earth we all share won't be able to accommodate us. So we're going to have to change our ways. Then we can at least say: Do as we're doing, not as we did."



II. Is a Green World a Safer World?
(David J. Rothkopf)

Que el mundo gire hacia el verde no quiere decir que se acabarán las crisis mundiales relacionadas con la energía. Las petroguerras serán seguramente sustituidas por otro tipo de conflictos, igualmente complejos y delicados. Este artículo repasa algunos de ellos.

Por ejemplo: los autos eléctricos requieren baterías y, al día de hoy, las mejores son construidas de litio. Los principales yacimientos de litio en el mundo se encuentran en el desierto de Atacama, específicamente entre dos países vecinos: Chile y Bolivia, los cuales, incluso sin el nuevo oro que representa el litio, ya han enfrentado líos en el pasado. La tensión empezará a subir mientras los autos eléctricos se vendan cada día más masivamente en los grandes mercados de EE.UU., China, etc. y haya más necesidad de litio.

Otro ejemplo: el uso masivo de agua para generar energía limpia podría implicar secar regiones enteras; en el futuro, además, el agua podría convertirse en otro "petróleo".

Otro más: el recurso a la energía nuclear supone la proliferación de materiales radiactivos y mayores riesgos por terrorismo a gran escala.

El texto completo de Rothkopf explora cuidadosamente estos y otros temas relacionados.

25 ago 2009

notas sobre el futuro (y el pasado) de la depresión

1. El futuro
(Según R.M. Sapolsky, “Will We Still Be Sad Fifty Years from Now?” En The Next Fifty Years, ed. John Brockman, Vintage, 2002)

Según Robert M. Sapolsky, profesor de biología y neurología en Stanford y autor de varios libros sobre el estrés, la enfermedad más típica del siglo XXI no será el sida, ni la diabetes, ni los problemas cardiacos, ni siquiera el Alzheimer, sino la depresión.

Parte de la complejidad de la depresión se debe a que en ella inciden factores genéticos, neuroquímicos, hormonales y ambientales. Según Sapolsky, el 15% de la población del primer mundo se ve afectada por depresión en algún momento de sus vidas. El porcentaje ha venido aumentando durante los últimos 50 años y parece que seguirá haciéndolo. Para entender por qué, Sapolsky considera esencial comprender los vínculos entre el estrés y la depresión, así como por qué la vida en la actualidad parece hacerse cada día más estresante.

Nuestros cuerpos consideran los retos externos como estresantes cuando no tenemos control sobre ellos, ni sobre sus posibles consecuencias. Ante un desafío, lo común es ponerlo en contexto, limitar su alcance sobre la vida, analizarlo y enfrentarlo. La depresión, para Sapolsky, es una falla de esta habilidad: la persona totaliza la experiencia del problema y concluye que la vida en general es terrible y que no podrá enfrentarla. La persona, a nivel biológico, no logra reequilibrarse tras una experiencia estresante (stressor), y sucumbe “más bien a una sensación generalizada de desvalimiento que luego adquiere vida propia”.

La buena noticia es que se han hallado maneras de combatir esta enfermedad, que solo parece empeorar y hacerse más invasiva con el progreso material de las sociedades y los más altos niveles de estrés que entrañan. Hay terapias químicas que actúan a nivel de los neurotransmisores ligados a la depresión, terapias hormonales, y cada día se comprenden mejor otros factores neurológicos y biológicos importantes.

La mala noticia, según Sapolsky, es que a pesar de tales terapias y otras nuevas, la depresión no cesará sino que, al contrario, seguirá su ritmo ascendente.

¿Por qué? Porque “nuestra civilización actual todavía posee muchas características depresogénicas”, y en especial porque esos factores depresivos “ocurren, con cada vez mayor frecuencia, fuera de un contexto de apoyo social”. Las fuentes tradicionales de consuelo, dice Sapolsky, se atrofiarán cada día más en el futuro. Se refiere, por ejemplo, a la familia, a la vida en comunidad y a los grupos de amigos. Pero según Sapolsky, la razón más importante para afirmarlo es estadística: en los últimos años ha aumentando considerablemente la tasa de adolescentes y jóvenes afectados por depresión. Los factores estresantes experimentados en etapas tempranas de la niñez aumentan la probabilidad de que la persona adulta padezca depresión, y cada día más niños –también en las sociedades altamente desarrolladas– enfrentan situaciones de estrés que ningún medicamento será capaz de aliviar por sí mismo: “nunca habrá una vacuna contra las vicisitudes de la vida”, dice.

2. El pasado
(Según Paul W. Andrews y J. Anderson Thomson, Jr., “Depression’s Evolutionary Roots”, Scientific American, August 25 2009.)

En un texto publicado hoy en Scientific American se habla de un 30 a 50% de personas en EE.UU. y otros países que cumplen los criterios para ser diagnosticados con depresión.

La pregunta es por qué, evolutivamente, somos tan propensos a la depresión. Sapolsky daba a entender que el problema, si no es moderno, al menos se agrava en la actualidad pues nuestras condiciones actuales de vida son muy distintas de las que experimentaron nuestros ancestros. En este sentido, sería análogo a la obesidad, pues, por ejemplo, nuestros ancestros no tenían chocolatitos ni coca cola ni pseudohamburguesas.

Sin embargo, según Andrews y Thomson, en todas las sociedades tradicionales que han sido estudiadas y que siguen siendo similares a las ancestrales, se ha encontrado depresión. La modernidad quizá agrava la tasa, pero no produce el desorden: ya estaba ahí. Lo cual, para ellos, plantea una paradoja evolutiva: si el cerebro humano cumple un papel fundamental para promover la supervivencia y la reproducción, no deberían darse tasas muy altas de enfermedades mentales que las obstaculicen, y sin embargo la depresión es cada día más común.

Resolver la paradoja implica, para los autores, no pensar en la depresión como una enfermedad, sino como una adaptación: un estado mental que, a pesar de sus costos, también produce importantes ventajas.

Se ha identificado una molécula cerebral asociada con la serotonina que, posiblemente, ayuda a “activar” la depresión, lo cual, desde el punto de vista evolutivo, no sería entonces un “accidente” sino un proceso corporal con una función particular. “Las personas deprimidas piensan constante e intensamente acerca de sus problemas.” Este pensamiento o reflexión es persistente, tanto así que a las personas con depresión les cuesta pensar en otra cosa. Los autores citan estudios que demuestran que este tipo de reflexión es profundamente analítica: la persona se toma su tiempo con un problema complejo, lo divide en elementos más simples y los considera uno por uno. Así, ante una situación estresante, la depresión fuerza al cerebro a concentrarse en él y buscar su solución, evitando todo tipo de distracciones.

El problema, pues, residiría en no poder salir de este “modo” de pensamiento que, entre otras cosas, incluye el aislamiento social (¿para poder pensar sin interrupción?). Es por esta razón, según los autores, que las terapias que incluyen pedirle al paciente que reflexione sobre su propio estado depresivo y escriba todos sus pensamientos son altamente eficaces: aceleran el proceso de meditación sobre las causas del problema.

La conclusión: “Tras considerar toda la evidencia, la depresión parece menos una afección en la que el cerebro opera de manera fortuita. En cambio, la depresión se parece más al ojo de los vertebrados: una herramienta compleja, sumamente organizada encargada de realizar una función específica.” En comparación con Sapolsky, reseñado arriba, el problema sería no tanto que la actualidad (el tipo de civilización que tenemos) provoque muchos casos de depresión, sino que para los problemas específicamente modernos que están causando hoy día esta reacción natural, no se encuentran soluciones sencillas o rápidas –y no se tiene el apoyo social suficiente que, por ejemplo, sí tenían los pequeños grupos de cazadores-recolectores–, a diferencia de los problemas enfrentados por nuestros ancestros, quizá más accesibles y menos complejos.

3a. La farmacia química
(Según Steve Silberman, “Placebos Are Getting More Effective. Drugmakers Are Desperate to Know Why”, Wired, 17.09.)

Aparentemente, los placebos están funcionando cada día mejor para curar padecimientos y las compañías farmacéuticas no tienen idea del porqué.

Merck, Eli Lilly y otras compañías han experimentado fracasos en ensayos clínicos porque nuevos medicamentos contra depresión y esquizofrenia no lograron superar los índices de éxito del consumo de placebos en los grupos de estudio. Lo mismo ha sucedido con estudios de seguimiento de medicamentos ya conocidos como Prozac. Por alguna razón todavía inexplicable, el “efecto placebo” parece estar fortaleciéndose y aumentando, lo cual, de seguir así, agravaría la crisis ya existente en la industria farmacéutica: sus multimillonarios medicamentos no resultarían mejores que píldoras de azúcar.

Según Silberman, ya no cabe ninguna duda de que los propios mecanismos curativos del cerebro se activan cuando la persona cree que el medicamento es real. Pero, según han demostrado algunos estudios, la novedad es que la frecuencia con que se tomen las píldoras, su marca (si es reconocida o no), su nombre comercial, su precio, su forma e incluso su color afecta el resultado del placebo. La respuesta del cuerpo depende de las expectativas del tratamiento, del condicionamiento, las creencias y otros factores sociales presentes en el contexto de cada paciente, lo cual parece demostrar, según los autores, que incluso hay diferencias culturales en la eficacia de los placebos.

La conclusión es que “irónicamente, el esfuerzo de las grandes farmacéuticas por dominar el sistema nervioso central ha terminado revelando lo poderoso que realmente es el cerebro. A la respuesta placebo le da igual si el catalizador de la curación es un triunfo de la farmacología, un terapista compasivo o una jeringa de solución salina. Lo único que necesita es una expectativa razonable de mejoría.”

3b. La farmacia subliminal
(Según Maj Britt-Niemi, “Cure in the mind”, Scientific American Mind, Feb-Mar 2009, 42-49)

Otros estudios han demostrado que el efecto placebo incluso beneficia a pacientes que no creen en él, y no solo en casos de padecimientos mentales como la depresión, sino hasta en casos de cáncer (2 a 7% de pacientes de cáncer en estudio; pero en pacientes de colitis mucosa, por ejemplo, el porcentaje sube a un 40% que experimenta mejoría gracias al efecto placebo).

Los placebos se pueden utilizar para entender mejor cómo controla el cerebro, por sí mismo, los procesos corporales y cómo, médicamente, se podría sacar ventaja de ello para acelerar la curación. Los estudios demuestran que las sugerencias subliminales pueden disparar respuestas fisiológicas tales como liberación de hormonas, por ejemplo. Es decir, que ni siquiera haría falta que el paciente se lo creyera conscientemente, solo habría que aprender cómo sugestionarlo.

Evidentemente, nada de esto implica que los medicamentos no sirvan, pues siguen sirviendo para la mayor parte de personas; pero sí implica que el efecto placebo debe ser tomado más en serio por las ciencias médicas, no solo para ayudar en la curación de algunos pacientes, sino para ayudar a comprender mejor los procesos curativos propios del cuerpo. Una combinación de ambos procedimientos sería quizá más eficaz en un gran número de casos.

¿Tendrá, pues, razón Sapolsky en que la depresión será la enfermedad más típica del siglo XXI, con graves consecuencias psicológicas, socioeconómicas, etc.?

O bien, si verdaderamente es una adaptación evolutiva de la cual aprenderemos a sacar provecho con terapia, placebos y medicamentos, ¿no llegará a ser más bien una enfermedad común, pero también comúnmente tratable, una especie de “gripe depresiva” no demasiado grave e, incluso, útil en algunos casos?


Véase también: "Efecto placebo varía según la forma en que el cerebro anticipa recompensas"

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19 ago 2009

Horkheimer el despiadado, o las ironías de la teoría crítica

En un libro publicado recientemente por la Universidad de Minnesotta, The Frankfurt School in Exile, Thomas Wheatland revisa algunos temas relacionados con la Escuela de Frankfurt que antes no habían sido tratados críticamente, como correspondería.

Max Horkheimer (izq.), Theodor Adorno (der.) y Jürgen Habermas (atrás, der.). De Wikipedia Commons.

No he leído el libro, pero me ha llamado la atención gracias a varios párrafos de la reseña que del mismo hace Adam Kirsch, en la revista de temas judíos The Tablet (mi traducción):

"En su libro, una mezcla inusualmente rigurosa de historia intelectual e institucional, Wheatland ilumina de manera renovada esta fase de la existencia de la Escuela de Frankfurt. Wheatland se interesa por las ideas de la Escuela, pero también por las formas en que factores menos intelectuales —como el dinero, los choques de personalidad y el oportunismo— forjaron el desarrollo y la recepción de esas ideas. En un sentido, Wheatland ha sometido a la Escuela de Frankfurt a un análisis auténticamente marxista: muestra cómo la infraestructura económica del grupo afectó su superestructura ideológica. En el proceso, vuelve a poner en escala humana a estas figuras frecuentemente idolatradas, y ofrece una lección objetiva acerca de las maneras poco edificantes en que se hacen las carreras intelectuales.

(...)

"De hecho, en el relato de Wheatland, Horkheimer aparece como un luchador despiadado dentro de la academia que no temía utilizar su dinero y su poder para castigar a sus enemigos. Es irónico y triste el contraste entre los sueños de liberación social de la Escuela de Frankfurt y su dependencia efectiva de ese tipo de motivos, demasiado humanos."

La reseña completa aquí.

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15 ago 2009

McDonald's gana con la recesión

En un artículo en Slate descubro algo en lo que no hubiera pensado pero que, una vez leído, parece absolutamente lógico: una de las empresas que más han ganado con la crisis actual es McDonald's.

El crecimiento en ventas de la compañía fue mayor en el 2008 que en el 06 y el 07. Según el texto, parte de la explicación es que, durante una recesión, las personas salen menos a comer fuera de casa y, cuando lo hacen, van a restaurantes más baratos. Por otro lado, el éxito de McD no fue solo en EE.UU., donde tienen unos 14000 locales, sino incluso en Europa, con excelente rendimiento en el Reino Unido, Francia y Rusia. Y están los mercados nuevos para McD: China, principalmente, donde ya cuentan con 1000 tiendas y planean abrir pronto otras 150.

Artículo completo de Daniel Gross: Who Won the Recession?

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13 ago 2009

dichosos los pobres, acostumbrados a la pobreza

Ya está en otros blogs, pero es que da tanta pena que se me antojó ayudar a difundir este video...

Ah, me olvidaba: trata sobre los pobres, los dichosos pobres que, de tan acostumbrados que están a la pobreza, no tienen idea del verdadero drama que viven los ricos debido a la crisis.

Millonarios en tiempos de crisis



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